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Salvarse de los salvadores.

Salvarse de los salvadores.

Columnas jueves 23 de abril de 2020 - 01:29

El general Álvaro Obregón Salido, hombre simpático que fue brillante como militar y muy hábil como político, decía que los grandes enemigos de México eran: el capitalismo, el clericalismo y el militarismo. Y tenía razón, en su tiempo. “Nosotros - se refería a los triunfadores de la revolución – podemos liberar a México de capitalismo y clericalismo, pero ¿quién lo liberará de nosotros?” se preguntaba.
Con el tiempo, un fanático manipulado – ni cuenta se daba - por actores políticos, decidió liberar al país de su libertador por la vía del magnicidio; algo que fue, en algún sentido lógico, porque bien dice la sentencia cristiana, “el que a hierro mata, a hierro muere” y Obregón fue el más sanguinario de los caudillos que en México han existido. Pero eso es otra historia.
Lo que quiero rescatar de esta remembranza es que, frecuentemente, la solución a un problema crea problemas nuevos, provocados, precisamente por los que lograron solucionarlos.
En este momento, México atraviesa momentos muy difíciles, vivimos conflictos que escapan al control de las instituciones establecidas como la pandemia del coronavirus y la crisis petrolera, que se alimentan una a otra. El gobierno no puede, por mucho que lo intente, detener el daño que se nos viene encima. Y si no logramos un acuerdo general, sufriremos consecuencias de una dimensión catastrófica.
Creo que los votantes de 2018 no se equivocaron; el deterioro institucional requería de un cambio drástico, no se podía permitir que las cosas siguieran como iban. Aun aceptando que hubiera candidatos con prendas personales intachables, no era viable refrendar condiciones que nos llevaban al despeñadero.
El triunfo del presidente López Obrador significó la derrota de los males más señalados del país, corrupción, impunidad, delincuencia organizada, entre otros. Sí, es cierto, no se solucionaron de inmediato – sigue faltando mucho - dichos problemas y otros, pero perdieron el sentido de continuidad, de normalización y tramposa aceptación como inevitables porque ‘así somos los mexicanos’.
Ahora bien, en el camino a la victoria electoral se unieron muchos políticos profesionales – visionarios que son – y también fanáticos, resentidos o simples ingenuos que ayudan poco, en el mejor de los casos y estorban mucho, en el peor, pero se sienten los salvadores de la patria.
Por eso me pregunto, si el proyecto político alternativo, que encabeza el presidente, salva a México de sus depredadores ¿Quién lo salvará de sus salvadores?
El presidente López Obrador no esta sólo, sigue teniendo un apoyo enorme en el pueblo llano y también en algunos colaboradores competentes y capaces. Pero, se ve cada vez más claro, está mal acompañado.
Ni su partido, ni los impensables ganadores en elecciones estatales y municipales, no digamos muchos legisladores, que ganaron por él y no por mérito propio – me atrevo a decir que muchos candidatos ganaron pese a sí mismos – le están ayudando a consolidar un proyecto que despertó grandes esperanzas.
Ante la realidad inesperada de la pandemia y la crisis mundial, el liderazgo presidencial tiene que fortalecerse; no basta con los leales, que ojalá no lo decepcionen, el presidente necesita convocar a un gran pacto nacional, generoso y constructivo, donde se pongan los intereses patrióticos por delante. Si alguno falla, la Historia y su juicio tremendo, decía Juárez, lo condenará.

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/CR

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