Adriana Moreno Cordero
Ya ha pasado un buen tiempo, cuando el entonces secretario de Gobernación, Santiago Creel, acuñó un término que pasó a formar parte del diccionario político. Corría el año de 2004, cuando en su calidad de responsable de la política interna del país, pidió acabar con la “cultura del sospechosismo”.
Diez y siete años después, los diversos actores políticos se encuentran distribuidos de forma totalmente diferente. Santiago Creel llegará a la Cámara de Diputados con la bancada del PAN y se supone que jugará un papel estratégico al formar parte del Bloque Opositor en esta LXV Legislatura en la que por cierto, ninguna fuerza política tendrá sobre representación. Morena y aliados, el PT y el PVEM, suman 278 curules y las fracciones del PAN, PRI, PRD y MC, reúnen 222 diputaciones.
Pero desde el 2004 a la fecha, no ha habido prácticamente ningún actor político, -secretarios de Estado, legisladores, gobernadores y demás-, que no haya sentido esa sensación, el sospechosismo en el transcurrir de la vida política del país, que a veces se manifiesta como un escalofrío y otras, una tremenda y constante duda.
Ahora, por un hecho específico de nueva cuenta, esa palabra salta a la escena política por otro asunto. La empresa noruega DNV, la encargada de los informes sobre la tragedia ocurrida en la Línea 12 del Metro, en la estación Olivos de Tláhuac, registrada el pasado 3 de mayo, pidieron un plazo de dos semanas para presentar los resultados del segundo y tercer informe de este colapso donde a la fecha, no ha habido ningún responsable señalado, esto es, nadie está en la cárcel y algunos de los principales responsables de esta tragedia, pusieron tierra de por medio y eso, sin duda, genera mucho, pero mucho sospechosismo.
Originalmente, DNV entregaría el pasado 23 de agosto dichos informes, sin embargo y por una serie de razones técnicas que la empresa argumenta como “la fase más compleja del análisis del colapso”, lo que sea que esto quiera decir, las fechas se corrieron. Así, el segundo informe se presentará hasta el 6 de septiembre mientras que el tercero y último, el 20 de septiembre.
El sospechosismo que genera el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, tampoco es menor. Desde el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, suponen que entre más tiempo pase, sería mejor para cubrir con las cenizas del olvido la terrible tragedia, sobre todo, cuando la jefa de Gobierno pudo comprobar que por ese hecho, perdió la mitad de las alcaldías de la Ciudad de México.
¿Serán solamente razones técnicas las que impidieron el retraso de la empresa DNV?, o ¿qué es lo que se dice a lo interno del gobierno de la CDMX?, ¿cuál es la estrategia para continuar evitando señalar a los responsables de la tragedia?
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