La acumulación ilegal de basura en la vía pública y la proliferación de tiraderos clandestinos en la Ciudad de México es un problema que a diario tenemos frente a nuestros ojos, es un problema que todas y todos conocemos.
A partir del primero de enero de este año, el Gobierno de la Ciudad puso en marcha el programa “Transforma tu ciudad, cada residuo en su lugar”, con el objetivo correcto y necesario de fomentar la separación de residuos y fortalecer la economía circular.
Nadie aquí puede estar en contra de mejorar la gestión de nuestros residuos ni de proteger el medio ambiente.
Sin embargo, la falta de cultura de separación de basura, sumada a la ausencia de operativos y sanciones, ha provocado un fenómeno alarmante: la proliferación de vehículos recolectores “piratas”.
Se trata de camionetas particulares -la mayoría de ellos en mal estado, algunos incluso circulando sin placas- que prestan de manera ilegal un servicio que, por ley, es exclusivamente público.
Estas camionetas recorren colonias, muchas veces de noche o madrugada, recolectan basura sin separar en las puertas de las casas y posteriormente la abandonan en calles, terrenos baldíos y espacios públicos, formando tiraderos clandestinos.
Esto no solo genera focos de infección, malos olores y fauna nociva, sino que además obstruye coladeras, agrava inundaciones en temporada de lluvias, contamina suelos y mantos acuíferos, y pone en riesgo la salud de miles de personas.
De acuerdo con datos oficiales, en la Ciudad de México se generan más de 12 mil toneladas de residuos diariamente, y se estima que alrededor del 30 por ciento no es recolectado por el servicio formal, terminando en ríos, barrancas y espacios públicos.
Esta realidad no puede ni debe normalizarse.
En este contexto, vengo a exhortar respetuosamente a la Jefa de Gobierno y a la Secretaría del Medio Ambiente y la Secretaría de Seguridad Ciudadana, ejecuten acciones concretas, para sancionar a los recolectores de basura piratas .
La Constitución de la Ciudad de México es clara: la recolección de basura es un servicio público, no privatizable, y todas las personas tenemos derecho a un medio ambiente sano. Lo que hoy pedimos no es un favor, es el cumplimiento de la ley.
No podemos permitir que la basura siga ganando terreno en nuestras calles, ni que la omisión institucional convierta un problema ambiental en una crisis de salud pública.
La recolección de basura en la Ciudad de México es un servicio público y exclusivo, y así lo establece nuestra Constitución local. Ninguna persona, empresa o grupo puede prestar este servicio por cuenta propia, sin autorización y fuera de la ley.
Las llamadas camionetas o vehículos “piratas” no solo operan de manera irregular, sino que rompen el esquema de manejo de residuos, alimentan los tiraderos clandestinos y trasladan el problema de una colonia a otra, generando un daño ambiental y social que termina pagando la ciudadanía.
No se trata de criminalizar a la población, sino de poner orden, hacer cumplir la ley y proteger un servicio público esencial.
Y, por último, quiero agregar lo siguiente: si no se actúa contra quienes recolectan basura de forma ilegal, cualquier programa de separación de residuos estará condenado al fracaso y la basura seguirá apareciendo en nuestras calles.