En términos generales, trabajar en la Función Pública no es atractivo para la juventud en México. Tengo varios años impartiendo clases y al preguntarle a mis estudiantes si desean trabajar en algún gobierno, normalmente no pasa de dos personas por generación. Esto es algo que debe preocuparnos, pero sobre todo ocuparnos como país.
Trabajar en el gobierno es visto por muchas personas y sectores como la última opción entre la informalidad o la precariedad laboral. Este desánimo social puede deberse a distintos factores: acoso laboral o sexual, inestabilidad laboral, un diseño institucional que presume culpabilidad por todos los frentes, el acceso a las mejores posiciones por favoritismo político, o el franco veto en otros sectores de la Economía. Deseamos como sociedad mejores gobiernos, pero no deseamos ser parte de los mismos si ello demanda una “vocación” de 24/7, horarios de 12, 14 o 24 horas que mermen tu salud y te obliguen a la abnegación. Mientras miles sufren estas calamidades, algunos ven en la Función Pública las arcas que transformarán su vida y la de tres generaciones suyas. Estos extremos no pueden continuar.
Desde hace algunas décadas, se creó a nivel federal la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo, para vigilar al gobierno y formar al personal que trabajaría en ella. Su transformación en Secretaría de la Función Pública tuvo por fin fortalecer el servicio público y desarrollar un servicio profesional de carrera. Al correr de los últimos años, este objetivo cada vez se ha deteriorado más, y mejorar las condiciones laborales del personal en la Función Pública no es parte medular del debate público.
Al analizar los gobiernos locales y municipales, las cosas empeoran en la mayoría de los casos. Un ejemplo de ello es el despido de todo el personal policial en centenares de municipios que cambian de administración, sin que cumplan los nuevos policías con exámenes que acrediten su idoneidad para el cargo, como portar un arma o saber hablar para disuadir un acto violento.
Si deseamos un cambio requerimos que la Función Pública sea central en el debate público, para que cualquier persona que desee trabajar ahí pueda construir un plan de vida. Diversas instituciones del Estado mexicano sí han podido desarrollar un servicio público reconocido aquí y en el mundo: Banco de México, el IMSS, el Servicio Exterior Mexicano y el Instituto Federal/Nacional Electoral dan cuenta de ello.
Necesitamos funcionarias y funcionarios públicos que tomen decisiones de política pública basadas en evidencia y con capacidad de evaluar y corregir, para brindarnos servicios públicos de calidad a toda la población. De lo contrario, las cosas sólo empeorarán.
La violencia sigue. Puedes donar a los desplazados en México y en Ucrania aquí: Cáritas https://bit.ly/3uBn3W9, ACNUR https://bit.ly/3qOvT1T).