La fuerza de la ultraderecha en Latinoamérica se amparaba en la imagen triunfadora y prepotente de un megalómano anaranjado, recordando la locura de Hitler; ahora que el monaguillo de esa organización se deslinda de su líder, deja huérfanos a muchos reaccionarios.
México Republicano, club de amigos no reconocido por el INE como agrupación política, surgido de la necesidad personal de Trump, encabezado por otro delincuente sexual, Juan Iván Peña Nader, podría desaparecer con la simple declaración de Eduardo Verástebui, sostén de la esperanza de los republicanos nacidos en México que sueñan ser gringos.
México republicano se anuncia ahora como movimiento, anteriormente se autodenominaba Partido, pero no alcanzó a reunir los requisitos mínimos que el INE exige para obtener el registro condicionado. De hecho, solicitó más tiempo para reunirlos y se le negó.
Verástegui asimila las contradicciones de Trump pero hace a un lado su forma de hacer política, que es con la que está totalmente de acuerdo. Y tratando de salvar del desprestigio sus intereses personales, entre ellos el México Republicano, lo hunde más.
Pero la declaración del cantante y actor no sólo desprestigia a este remedo de agrupación política sino que golpea a la Conferencia de Acción Política Conservadora, que preside y cuyo principal integrantes es nada menos que Trump, desde luego hay miembros distinguidos como Milei, Eduardo Bolsonaro, Steve Bannon, entre otros.
La solidez de los líderes de derecha radica en su cargo, es decir, estar en el poder otorga fuerza, pero el mundo entero sabe que Trump ha perdido todo, entre lo más destacado, extravió la vergüenza y perdió la guerra.
De ahí que Verástegui se desvincule de un personaje que sólo puede acarrear desprestigio y con ello arrastra a toda la ultraderecha del continente, por lo que requiere de un logro aunque sea mínimo dentro del continente y empezará a mirar hacia Cuba, Venezuela, Colombia y probablemente México.
Sin el apoyo de los países del continente americano Trump no es nada, porque son los orígenes genéticos de la gente que vota en su país y en noviembre vienen elecciones donde perderá el Partido Republicano y muy probablemente la mayoría demócrata le imponga un juicio político que lo saque de la política definitivamente.
La rectificación de Verástegui, que llega a tener tientes incluso religiosos, sirve para salvarse él, importando poco las asociaciones que encabeza, incluso su filiación radical de derecha, con las que se identifica plenamente.
Es decir, se quita la investidura de líder para vestir la de un simple militante de la ultraderecha sin faro ni líder. Simplemente Eduardo.
De ninguna manera pierde su identidad radical, pero sí su filiación con lo que empieza a podrirse dentro de la derecha, que terminará por carcomer al resto de un movimiento que en el continente va de salida.