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Un extraño Mundial

Un extraño Mundial

Columnas lunes 22 de diciembre de 2025 -

La verdad es ésta: el Mundial de fútbol de 2026 se celebrará, en los hechos, en estadios de Estados Unidos. Aunque el discurso oficial hable de una justa “trilateral”, la geografía del negocio es clara: la mayoría de los partidos, los cruces decisivos y el clímax deportivo tendrán como escenario canchas estadounidenses. Las ganancias principales, como siempre, irán a parar al corporativo llamado FIFA, no a las representaciones nacionales ni a los países sede secundarios.

En México el menú está acotado. El partido inaugural, una decena más repartidos entre Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, y quizá algún duelo de ronda eliminatoria. Para le de contar. Los encuentros más atractivos —los que definen narrativas, audiencias y contratos— se jugarán del otro lado de la frontera. No es casual: expresa la centralidad que este deporte ha adquirido en la última década dentro de la Unión Americana y su capacidad para monetizar audiencias globales.

Canadá y México aparecen, así, como concesiones necesarias para legitimar el formato. Casi convidados de piedra. El Mundial —quizá más que los Juegos Olímpicos— es uno de los espectáculos masivos más importantes del planeta y uno de los negocios globales más caudalosos del entretenimiento. En ese tablero, el anfitrión real es quien controla infraestructura, patrocinios, hospitality y derechos.

En México el contraste es doloroso. A diferencia de 1970 y 1986, cuando el Mundial fue un acontecimiento popular que desbordó calles y plazas, hoy la experiencia en vivo queda reducida al azar y a billeteras privilegiadas. Incluso la transmisión televisiva se fragmenta: ver partidos será, en muchos casos, pago por evento. Si hay un espacio donde se expresa la desigualdad —no sólo económica, también de acceso a experiencias— es el fútbol.

La derrama turística llegará, sin duda, como llega con la Fórmula 1 o con conciertos masivos de Bad Bunny y Dua Lipa. Pero eso no equivale a desarrollo deportivo. No hay legado estructural cuando el modelo privilegia el espectáculo importado y no la formación, la competencia ni la identidad.

México arribará a 2026 en una condición lamentable: una selección mediocre, reflejo de una Liga MX mediocre, administrada por dueños más atentos a las ganancias que al juego. Sin ascenso ni descenso, con calendarios complacientes y decisiones cortoplacistas, el fútbol nacional se vació de mérito. Con jugadores más preocupados por sus redes sociales y la fiesta que por sudar la camiseta. No hablo únicamente de técnica, hablo de fortaleza, de voluntad, de garra, de mística para defender los colores de un equipo, de una selección o del propio honor.

Este Mundial extraño será rentable, sí. Será grandilocuente, también. Pero difícilmente será nuestro.

Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.

@onelortiz
https://youtu.be/gbgwhoM6nu8?si=6g28BT4Trk9teZrH

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