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#UnDíaSinNosotras

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Columnas jueves 27 de febrero de 2020 - 01:40

“La historia está sembrada de pesadillas, algunas naturales, otras, obra del hombre”,
Arthur C. Clarke, Una Odisea Espacial

La pandemia de violencia que vive nuestro país es una pesadilla “sembrada por el hombre”: de acuerdo con las últimas estadísticas dadas a conocer por el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública, en enero de este año se registraron 5 mil 355 mujeres víctimas de distintos delitos, de los cuales 350 fueron homicidios dolosos en contra de las mujeres, de éstos 73 fueron considerados como feminicidios; 14 fueron niñas. Es decir, 11 víctimas al día.
Febrero es una historia que se cuenta aparte. Será un mes que terminará registrando no solo la brutalidad y el horror con la cual en la CDMX se cometieron los feminicidios de Ingrid y Fátima, sino que, contrario a lo que se desea, visiblemente existe un alza en este tipo de delitos.
Sin embargo, febrero también marca un antes y un después en la narrativa de la violencia contra la mujer en el país por varias razones: en principio, porque en este periodo se da un movimiento social —encabezado por mujeres en su mayoría— capaz de cuestionar y exhibir en la agenda nacional e internacional el fracaso de un sistema de seguridad y justicia que históricamente le ha fallado directamente al 51.4 por ciento de la población total que habita en México.
A la par, porque este movimiento originado por el hartazgo y la impunidad, obliga a una sociedad conservadora como la mexicana a abrir en sus núcleos familiares el debate nacional sobre la conciencia de género, la apertura hacia nuevas masculinidades y sobre la amenaza latente del odio.
Simultáneamente, porque ante la urgencia de atención a los feminicidios, el discurso de la polarización inducida y la lucha por el poder quedaron reducidos a la vulgaridad del oportunismo y, penosamente, al oscurantismo de la pena de muerte.
Igualmente, porque este movimiento es el semillero de un despertar de consciencia social duradera que reivindica la lucha auténtica de las mujeres, pero también de la sociedad civil organizada en México; esa que ha sido vilmente usada, menospreciada y desprestigiada con tanta insistencia.
Consecutivamente, porque durante este periodo hemos sido capaces de diferenciar cada vez con mayor frecuencia entre el odio y las razones; está claro que el enemigo común de México no solo es la impunidad, también lo es el odio. Y lo es porque el odio se viraliza tanto en redes sociales como en medios de comunicación: el odio es el virus más letal; es el que secuestra; es el que inmoviliza, es el que silencia, es el que maniata, es el que tortura, es el que apuñala, es el que dispara. El odio es el que asesina.
Finalmente, los otros datos avizoran que marzo de 2020 será un mes histórico para el país. No solo porque en él se consolidará el movimiento reivindicatorio de la mujer, sino porque también se trastocará el último eslabón del Estado: el económico. Para decirlo con números, se estima que el paro nacional del próximo 9 de marzo #UnDíaSinNosotras tendrá repercusiones económicas superiores a los 26 mil millones de pesos.
En otras palabras, si el paro llegase a prolongarse tres días más —consecutivos o no durante 2020—, las pérdidas económicas para el país serían equivalentes al presupuesto designado para la construcción del aeropuerto de Santa Lucía en 2020, el cual se estimó en 95 mil millones de pesos.
Negarle atención a los feminicidios, y hacer creer que la paridad reivindica la lucha de la mujer, es sencillamente “una pesadilla sembrada por el hombre”.

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/CR

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