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Columnas
Después de años de lucha, protestas y demandas públicas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) ha logrado una de sus mayores victorias en los últimos tiempos: la desaparición de la USICAMM (Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros). Lo que empezó como una promesa política hoy comienza a tomar forma como realidad legislativa. Y más que un cambio administrativo, esto representa una corrección histórica.
La USICAMM, instaurada bajo un discurso de “transparencia y meritocracia”, terminó siendo, en la práctica, un muro burocrático que frenaba derechos laborales generaba incertidumbre en las asignaciones y favorecía la opacidad en los procesos.
Para miles de docentes, no era una plataforma de crecimiento profesional, sino un obstáculo que atentaba contra la estabilidad y dignidad de su labor.
El SNTE, al frente de esta exigencia, supo articular la molestia generalizada del magisterio en una causa colectiva. Con encuestas, foros y presión política constante, el sindicato logró que esta petición llegara hasta la presidenta Claudia Sheinbaum, quien asumió el compromiso de eliminar la USICAMM y construir un nuevo sistema “más justo, humano y participativo”.
La desaparición de este órgano no debe verse como un simple gesto simbólico, sino como una oportunidad de repensar profundamente la carrera docente. Porque el verdadero mérito no puede medirse con exámenes descontextualizados ni con trámites laberínticos. El mérito nace en el aula, en la comunidad, en la entrega cotidiana de los maestros que enfrentan carencias y aun así sacan adelante a generaciones enteras.
Ahora el reto es aún mayor: construir un sistema alternativo que no repita los errores del pasado. La participación del magisterio será crucial. No se trata de sustituir un modelo por otro igual de cerrado, sino de abrir la discusión, descentralizar decisiones y garantizar que los criterios laborales respondan al contexto real del trabajo docente.
La desaparición de la USICAMM es, sin duda, un triunfo del SNTE y del gremio en general. Pero más importante aún, es un paso hacia la recuperación de la dignidad de la profesión docente en México. Una profesión que ha sido ignorada, devaluada y, sin embargo, se mantiene como la columna vertebral del país.