Tenía 17 años, nació en el año 2008 en Paracho, Michoacán, solo dos años después de que el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa lanzara su estúpida guerra contra el narco. Sus padres le pusieron Víctor Manuel.
Su tierna infancia transcurrió en un Michoacán ensangrentado, con personajes como el infame y despreciable Tuta convertidos en amos y señores del estado. Dicen que los primeros 5 años de la vida de un ser humano determinan su destino, imaginemos lo que vio este niño en esa etapa.
También cuando niño llegó a su estado ya bañado en sangre un día sí y otro también el virrey Alfredo Castillo, enviado por uno de los más inútiles presidentes que hemos tenido en este país, y eso ya es decir mucho porque a reserva del balance que nos arroje la mandataria actual en su juicio con la historia, los últimos 50 años hemos tenido de lo peor, no se han acabado al país por un verdadero milagro.
Con Peña Nieto el país entero se descompuso más, no fue gratuita la debacle de su miserable partido político, que gobernaba al país como le daba la gana.
Pero si pensamos que ya lo habíamos visto todo nadie se imaginaba lo que vendría. Lo que forma parte de la herencia maldita reciente.
El todavía niño Víctor Manuel Ubaldo Vidales cumplió su primera y única década completa de vida cuando llegó a este país la "histórica y maravillosa" transformación, en la presencia divina del enviado del señor, San Andrés, designado por el mismísimo santísimo. El mesías tropical que repartía abrazos. Ahora nos dicen desde Palacio Nacional que los abrazos eran solo para el pueblo bueno y sabio, aja. Como siempre, quieren tratarnos como retrasados mentales.
El mesías tropical impuso la regla de dejar de llamar Ninis a quienes ni estudian ni trabajan, y además dijo que su programa clientelar, perdón quise decir su programa social: Jóvenes Construyendo el Futuro, acabaría con la delincuencia juvenil y que evitaría que los grupos criminales reclutaran a los jóvenes.
En algún momento del nefasto sexenio pasado el joven Victor Manuel pasó de la infancia a la pubertad y de ahí a la juventud temprana.
Nadie sabe las causas, cuando menos nadie fuera de su familia, pero este joven por alguna razón no se maravilló con la "maravillosa e histórica" ¿Transformación?, como todo indica que no lo hicieron miles o quizás millones de jóvenes, y terminó reclutado por un grupo criminal, siendo un niño, seguramente enviciado con el veneno que venden a la juventud.
No sabemos si disfrutó o no del programa clientelar, perdón del programa social del mesías: Jóvenes construyendo el futuro; pero si lo hizo no sirvió de nada, dinero tirado a la basura, y si no lo hizo tampoco sirvió de nada, una vida echada a perder como miles en este país.
Dicen estar atendiendo las causas, dicen hacer como nunca en la historia, todo en ellos es histórico, bueno todo lo que les conviene claro, nunca reconocerán el histórico baño de sangre en el que sumieron a este país, entre otras cosas.
Atender las causas es loable, es una política correcta; sin embargo, se convierte en un fracaso más cuando se contamina con estúpidos abrazos a los delincuentes, cuando se contamina con estupideces como decir que "el narco también es pueblo", cuando se le da la mano a la madre del entonces mayor narco del mundo y se critica y nunca se recibe a las madres buscadores de esos hijos que en la mayoría fueron desaparecidos por los mismos narcos, y pero aún se les tacha de complotistas. fueron unos auténticos miserables por más que se crean merecedores de la gloria celestial.
Atender las causas que llevan a muchos jóvenes a caer en manos de la delincuencia es loable, pero se convierte en un rotundo fracaso cuando permanece intacta la corrupción, o incluso es mayor, como sucedió en el nefasto sexenio pasado cuando nos dijeron lo contrario.
Atender las causas es loable, pero se vuelve un rotundo fracaso cuando se abdica al combatir al crimen y entregar el país a esos que siembran el terror desde hace décadas, fue un crimen por el que deberían estar arrodillados pidiendo perdón el resto de sus miserables vidas a la nación entera, y pensar que se atrevieron a decirles a esos mismos criminales que se portaran bien o serían acusados con sus mamases y sus abuelitas, vaya farsantes gobernando a México.
Nuestro país fracasó desde 2006, incluso desde antes; también fracasó en 2012, y si faltaba lo peor esto llegó en 2018. No hay que ir muy lejos para entender lo que hizo el pasado 1 de noviembre este joven-niño Víctor Manuel, vaciar una pistola al alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, México se pudrió, lo pudrieron desde hace años y lo siguieron pudriendo hasta no hace mucho, apenas hace poco más de 13 meses.
El problema de los programas nefastos clientelares del gobierno pasado, incluso del actual, y los de los otros, es que son eso, modelos clientelares que no sirven de nada más que para captar votos, claro para quienes tienen el poder es la receta perfecta, pero desangran a la nación en todos los sentidos.
Si "Jóvenes Construyendo el Futuro" fuera un programa social de verdad enfocado, preocupado y ocupado por la juventud de nuestro país, tendría otras características. Debería ser de entrada selectivo, enfocado en ciudades, pueblos y comunidades en verdad necesitadas, debería también estar acompañado de programas integrales de evaluación, ser medibles, exigir a las empresas mayor compromiso y no solo cubrir un requisito para quedar bien con el poder. Más una larga fila de etcéteras.
"Jóvenes Construyendo el Futuro" y Víctor Manuel Ubaldo Vidales son lo mismo, el rostro de un México y un estado fracasado, el resultado de acceder al poder por el poder, y no querer ni dejarlo, ni reconocer sus errores y el baño de sangre que han provocado.
Y lo más triste no es solo eso, lo más desgarrador no es ver a nuestra juventud perdida, sino saber que quienes deberían estar dando explicaciones frente a un juez, andan o bien viajando por el mundo, o residiendo en otro país, o enclaustrados en una finca imperial custodiados por el ejército.
A México lo pudrieron y quienes lo hicieron tienen nombre y apellido, los frutos de ese árbol podrido lamentablemente también ya tienen nombre: se llaman Víctor Manuel y hay muchos en este país.