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Recientemente, me enfrenté a la noticia de que necesitaré otra intervención quirúrgica debido a mi endometriosis. Esta condición, que descubrí después de años de dolores inexplicables y consultas médicas frustrantes, sigue siendo un enigma para muchos en el sistema de salud.
Mi travesía con la endometriosis comenzó sin saberlo. Como muchas mujeres, viví con dolores menstruales intensos desde mi adolescencia. Sin embargo, desde que tengo memoria, este tema es visto como un tabú, como algo que debes esconder o bien, aparentar que está bien. Recuerdo cómo, al comprar toallas femeninas, me entregaban discretamente una bolsa negra para ocultarlas, como si la menstruación fuera algo de lo que debemos avergonzarnos… En fin, aquellos dolores se convirtieron en una parte cotidiana de mi vida. Estaba acostumbrada a que los primeros días eran los más difíciles, pero a que eso no detenía al mundo, y tenía que seguir el paso. Fue hasta que múltiples operaciones revelaron la verdad que había estado ignorando durante años.
Después de buscar respuestas por mi cuenta, finalmente confirmé mi diagnóstico con una especialista. Sin embargo, el costo de una resonancia magnética para un diagnóstico más preciso salía por completo de mis posibilidades. Intenté acceder al sistema de salud pública, pero los tiempos de espera eran desesperadamente largos y el riesgo de posponer mi salud me empujó hacia la atención privada.
Ahora, me encuentro luchando por mi derecho a una cirugía en el sistema de salud pública. Un derecho que debería ser accesible para todas, pero para muchas mujeres en mi situación, solo es una opción en el sector privado, donde los costos pueden llegar a ser astronómicos.
La endometriosis no es solo una enfermedad dolorosa; es un símbolo de la falta de atención médica y comprensión en nuestro país. Afecta a una de cada diez mujeres, pero sigue siendo subdiagnosticada y mal tratada. El dolor crónico, los problemas intestinales y la incertidumbre sobre la fertilidad son solo algunas de las complicaciones que enfrentamos.
Mi experiencia personal refleja un problema más amplio: la falta de perspectiva de género en la medicina. Esto se traduce en diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y una falta de apoyo integral para quienes vivimos con esta enfermedad.
Es hora de cambiar esto. Necesitamos educación desde la infancia sobre la salud femenina, incluyendo la menstruación y sus posibles complicaciones. Necesitamos más investigación y financiamiento para comprender mejor las enfermedades que afectan a las mujeres. Y necesitamos un sistema de salud que garantice el acceso equitativo a diagnósticos y tratamientos, sin importar el estatus económico.
La endometriosis es más que una enfermedad física; es una lucha diaria y una batalla por la equidad en la atención médica. Necesitamos reconocer y abordar estas desigualdades para asegurar que todas las mujeres reciban la atención médica que merecen. Solo así podremos construir un futuro donde la salud femenina sea una prioridad y donde nadie más tenga que enfrentar el dolor y la incertidumbre que conlleva la endometriosis.
Alaska J. Zamora, colaboradora de Integridad Ciudadana A.C. Licenciada en Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Sus temas son género, violencia, política y problemáticas sociales. @AlaskaJuarez @Integridad_AC