Los seres humanos nos la pasamos contando el tiempo, marcando fechas en el calendario.
Festejamos cumpleaños, aniversarios, cumplimos metas, establecemos propósitos que alcanzaremos al inicio o cierre del año. Intentamos medir la vida en vez de simplemente vivirla.
Una hora tiene siempre 60 minutos, pero estos parecen correr más lento o más rápido, según el apego o interés que tengamos sobre las actividades que estemos realizando.
La semana inicia cada infame lunes, hasta lograr alcanzar el esperado fin de semana de descanso o esparcimiento (que nos libera de la "tortura" de la semana laboral.)
El fin de un año y el inicio de otro, parecen "reiniciar" nuestras expectativas. Un mejor futuro y nuevas esperanzas se asocian a esta fecha del calendario, pero en el transcurso de los días y meses, el año se "desgasta," y con ello se va perdiendo la fé en nuevas posibilidades y nuevos retos.
¿Por qué esperar un día en particular para iniciar un proyecto? "El lunes empiezo tal protecto". "Ahora si, este año haré lo que no hice en todos los anteriores," y algunas ideas por el estilo, suelen acompañar nuestro pensamiento y toma de decisiones.
Sin embargo, el fin de nuestra vida no se asocia con una fecha conocida, sobre la cual podamos hacer plan alguno. Nunca sabremos cuál será nuestro último día.
Esa ropa que guardamos para usarla "un día especial" puede quedarse para siempre en un cajón, con la posibilidad de que no lleguemos con vida a esa fecha tan esperada.
Hacer planes a futuro, como si tuviéramos la vida garantizada, es una costumbre humana muy optimista.
Pero ¿qué pasaría si supiéramos que este es nuestro último día con vida? Seguramente ya no nos importaría la fecha del calendario. Haríamos todo aquello que creímos que debimos haber hecho antes. Aquello que nos haga sentir que aprovechamos nuestra existencia, nuestro efímero paso por esta vida. No importa si son días, horas, minutos o segundos.
El problema es que no vivimos nuestras vidas de esa manera. No desarrollamos nuestro máximo potencial para aprovechar la experiencia de vida.
Pasamos los días, meses y años haciendo lo mismo, la rutina. Vivimos de manera tal que nuestro paso por el mundo es una simple cadena consecutiva de sucesos normales y predecibles.
No hemos logrado captar el sentido de abundancia y plenitud al que está destinada nuestra existencia, más allá de las condiciones externas del entorno.
No desperdiciemos la oportunidad de hacer todo aquello que haríamos si tuviéramos la certeza de que este es el último día de nuestras vidas, porque realmente es posible que lo sea.
Flor de Loto: Cualquier momento es propicio para abandonar rencores. Nunca te duermas enojado con alguien que amas. No sabes si mañana estará vivo.