El dilema de Sheinbaum

El dilema de Sheinbaum

Hace mes y medio, el 17 de octubre, escribí sobre Claudia Sheinbaum y los retos que representaría para ella la administración entrante. El estilo de Andrés Manuel López Obrador y su asfixia de las agendas locales será muy difícil de seguir en todos los ámbitos.

En ese entonces, advertía una excesiva prudencia por parte de la Jefa de Gobierno electa. Una especie de deferencia con su anterior jefe en el Gobierno de la Ciudad de México. Un silencio que permitía que se escuchara con más fuerza el mensaje del Presidente electo.

En esa columna, señalaba lo siguiente: “(…) No puede negarse que no ha habido una sola señal de independencia política del próximo gobierno nacional. No tengo la menor duda y de ninguna manera insinúo que Sheinbaum no cuente con una trayectoria y perfil propios. Tampoco le resto mérito a su victoria contundente el pasado julio. Lo que es cierto es que no ha habido un asomo de voluntad de diferenciarse en agenda de su predecesor en la jefatura de Gobierno, López Obrador”.

Dicha columna esperaba que la trayectoria de la doctora Sheinbaum, así como su profesional equipo, pudieran también exhibir una agenda ambiciosa de cambio profundo en lo local. Pero eso no ha pasado. En este espacio también escribí en el último mes sobre los planes presentados por el próximo secretario de Movilidad en la Ciudad de México, Adrián Lajous. Pero fuera de esa agenda no ha habido una idea, un plan, un programa propio. Sheinbaum no ha querido disputar la agenda del nuevo gobierno. Ése será su enorme dilema: disputarlo o caer en la irrelevancia.

En aquel entonces, advertía lo siguiente, que sigo manteniendo con mayor convicción que en ese momento: “Con esto no quiero decir que sea deseable una confrontación abierta entre el Presidente electo y la próxima Jefa de Gobierno. Lo que sí resultaría necesario —por el bien de los capitalinos— es verle posiciones propias, agenda independiente y voluntad de distinguirse (…)”.

Ha pasado mes y medio de aquella columna y poco ha cambiado. Sheinbaum —como en campaña— ha optado por el silencio. Desde luego que un período de transición no marca definitivamente el rumbo de un gobierno en funciones, pero sí resulta esclarecedor el hecho de que el Gobierno electo de la Ciudad de México no haya presentado una agenda ambiciosa propia. ¿Miedo al Gobierno federal? ¿Falta de ideas? ¿Incertidumbre en torno al equipo?

No es que esas preguntas surjan del azar. Se generan precisamente por la falta de posicionamientos inteligentes y distinguibles localmente.

Espero que no haya malentendidos: espero que, por todos los que habitamos la ciudad, le vaya bien a Claudia Sheinbaum. Pero también espero que más pronto que tarde muestre voluntad e independencia política.



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