@onelortiz
https://youtu.be/-GfrIY987V8?si=W3o0D-kQ5ix1Y5zm
Para muchos, el cierre de Editorial Era fue un hecho irrelevante en un mundo informativo dominado por la frivolidad, lo efímero y los escándalos. No fue una noticia que apareciera en las primeras planas de los medios, ni fue motivo de pregunta en la conferencia mañanera, máximo púlpito informativo del país; sin embargo, su cierre expresa aspectos de carácter estructural y coyuntural de la industria editorial mexicana en este siglo. No sólo es el cierre de una editorial, sino el síntoma de una época: los tiempos en donde prevalece la imagen sobre la palabra.
Si quisiera señalar una causa del cierre de esta editorial, diría: cerró porque en México se lee poco. Datos del INEGI y estudios realizados por la industria editorial señalan que los mexicanos leemos de 3.2 a 3.8 libros anuales, lo cual contrasta con Japón, donde la población lee en promedio 47 libros anuales, e incluso con Estados Unidos, donde el promedio es de 12. Qué decir de Latinoamérica, donde el promedio de libros leídos al año ronda los seis. Es decir, vender libros en México no es negocio.
Buenos Aires, Argentina, que tiene una población de más de 3 millones de habitantes, tiene 460 librerías, lo que la coloca como la ciudad con mayor cantidad de puntos de venta de libros por habitante del mundo. La gran mayoría de estos establecimientos son comercios independientes y de cercanía.
En México existen alrededor de 400 librerías en la Ciudad de México, con una población de más de 9 millones de habitantes, las cuales se concentran en tres alcaldías: Cuauhtémoc, Coyoacán y Benito Juárez. Hay que resaltar que durante la pandemia 50 librerías cerraron. En el Estado de México, con más población que la capital, hay sólo 119 librerías. En estados como Tlaxcala, Aguascalientes o Nayarit sólo hay librerías en la capital, pero ninguna en los municipios.
Muchos, sobre todo los políticos, se quedaron con la idea de José Vasconcelos y sus anhelos de que los mexicanos leyeramos a los clásicos. Esto dio lugar a una imagen que podríamos llamar épica: el maestro rural enseñando a leer en todos los rincones del país. Pero es sólo eso: una imagen. Para no hacer el cuento más largo, podríamos resumir la política y promoción de la lectura del siglo XXI como un fracaso de gobiernos panistas, priistas y morenistas. Demagogia pura.
Después tenemos cómo las redes sociales han desplazado el interes a la lectura. En este panorama, la pregunta no es por qué cerró Editorial Era, sino cómo otras editoriales siguen abiertas y continúan apostando por la edición, impresión y venta de libros.
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.