1. Porque les cae mal.
2. Porque les parece prepotente.
3. Para quitarle cualquier posibilidad de competir en 2030
¿Y cómo lo quieren vencer?
1. A base de mentiras.
Eso fue lo que pasó con el episodio de la casona de Xicoténcatl, donde todos los videos exhibían al senador y dirigente priísta Alejandro Moreno como agresor.
Los videos no mienten.
Imposible engañar a la gente, aunque haya quienes en medios o desde la trinchera opositora intentan matizar o darle otro sentido a lo sucedido en la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión del pasado miércoles 27 de agosto.
No lo toleran y mucho menos quieren a Gerardo Fernández Noroña. Lo ven altanero, prepotente.
Nada más que a base de mentiras no lo van a derrotar y menos con videos reveladores que confirmaron que Alito fue quien agredió al entonces presidente de la mesa directiva del Senado.
Se equivocan si creen que la gente se va a tragar otra narrativa.
Como diría el cantante Juan Gabriel (QEPD), lo que se ve no se juzga, respuesta que dio cuando le preguntaron sobre su sexualidad.
Bueno, ni en el futbol, cuando el VAR (Video Assistan Referre) emite su veredicto, equipos y aficionados lo admiten, nadie trata de sostener lo contrario, hacen a un lado la pasión y reconocen la verdad.
Los jugadores algunas veces se resisten a reconocer la verdad de los videos, pero terminan por respetarla.
En la política es diferente, ya lo vimos.
Alejandro Moreno Cárdenas y compañía armaron otra versión y la mayoría de los medios siguieron la pauta para distorsionar el contenido de los videos, como si les pagaran o suponiendo que la sociedad es ingenua.
A quienes les tomaron foto o video de su estancia en Japón, Portugal, luciendo mercancías de lujo o la adquisición de una casa, ninguno negó lo que registró y grabó la tecnología. Lo que hicieron fue informar y explicar su comportamiento, polémico dentro del concepto de austeridad.
Alito prefirió negar o desconocer los videos que ratificaron su violento comportamiento.
Le pegó a quien se venía desempeñando como titular de uno de los tres poderes de la Unión, ni más ni menos.
Cierto que Gerardo Fernández Noroña no es monedita de oro y mucho menos perfecto. Hay quienes lo aborrecen desde que empezó su carrera de activista y se plantaba en el suelo para acentuar sus protestas. Imágenes que sus adversarios difunden con singular beneplácito, las fotos cuando lo cargaban para moverlo, así como videos de sus estridencias en cámaras legislativas.
La trayectoria de Noroña es ampliamente conocida. Lo cuestionan hasta por su apariencia. Cualquier virtud tratan de ignorarla. Es un fervoroso lector de libros. Sabe defenderse. No se queda callado ante imputaciones que considera injustas. El propio Andrés Manuel López Obrador se quedó sorprendido de su desenvolvimiento en la presidencia de la mesa directiva del Senado. Ha sido uno de los artífices de aterrizar la reforma judicial. Supo que se debía hacer cuando la Corte de Norma Piña intentó descarrilarla.
Personaje con apoyo popular, la campaña mediática en su contra a base de mentiras, ha multiplicado el número de seguidores que tiene en sus videoconferencias diarias, así como las donaciones que recibe por ese medio.
Fue electo prácticamente por unanimidad para presidir la mesa directiva del Senado. Un voto en contra, el de Lilly Téllez quien advirtió que buscaría complicar su desempeño y lo cumplió.
Alito llegó al extremo de agredirlo.
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