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¿Sabías que tu estómago puede disolver metal y que cambia de tamaño según tu hambre? El laboratorio químico del cuerpo humano

¿Sabías que tu estómago puede disolver metal y que cambia de tamaño según tu hambre? El laboratorio químico del cuerpo humano

Columnas martes 02 de diciembre de 2025 -


El estómago es uno de los órganos más conocidos por todos, y sin embargo, pocos imaginan que se trata de una verdadera fábrica biológica de transformación y defensa. Su función va mucho más allá de “recibir la comida”: el estómago degrada, selecciona, regula, almacena y protege. Y todo esto lo hace gracias a una combinación sorprendente de anatomía, química y motilidad.

Ubicado entre el esófago y el intestino delgado, el estómago tiene forma de J y una capacidad variable que puede ir desde 50 mililitros en ayuno hasta 1.5 o incluso 2 litros tras una comida abundante. Es decir, su tamaño se adapta a la cantidad de alimento recibido. Este órgano se divide en distintas regiones: fondo, cuerpo, antro y píloro, y cada una participa en diferentes etapas del procesamiento gástrico.

Su arma secreta es el jugo gástrico, una mezcla compuesta principalmente por ácido clorhídrico (HCl), con un pH que puede descender a 1.5, comparable al del ácido de una batería. Esta acidez es tan fuerte que podría corroer metales como el zinc o el cobre, y sin embargo, el estómago está protegido por una capa de moco espeso que lo recubre desde dentro para evitar que se autodigiera. Cuando esta barrera se ve afectada, aparecen afecciones como la gastritis o la úlcera péptica.

El estómago no digiere solo. Libera enzimas como la pepsina, que fragmenta proteínas, y grelina, conocida como la “hormona del hambre”, que regula el apetito. Además, produce el factor intrínseco, indispensable para la absorción de la vitamina B12 más adelante, en el íleon.

En cuanto a su motilidad, el estómago realiza movimientos de mezcla y vaciamiento que duran entre 2 y 6 horas, dependiendo del tipo de alimento. Las grasas tardan más que los carbohidratos, y las proteínas, más que los líquidos. De ahí que algunas comidas “pesen más” o den sensación de saciedad prolongada.

¿Sabías que cuando estás nervioso o enamorado, puedes “sentir mariposas en el estómago”? Esto ocurre porque el sistema nervioso entérico —conocido como el “segundo cerebro”— contiene más de 100 millones de neuronas que conectan directamente con el sistema nervioso central. Por eso las emociones afectan tanto al aparato digestivo.

El estómago no solo transforma alimentos: traduce emociones, calibra el hambre, y regula lo que llega al intestino. Es mucho más que un saco digestivo; es un sensor químico, endocrino y emocional.

Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.”

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