El encuentro en Palacio Nacional entre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el expresidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, marca un hito sustantivo en la diplomacia hemisférica. Más allá del traspaso del mando presidencial colombiano el mes pasado, el diálogo entre ambos liderazgos refrenda la solidez de un eje progresista regional que busca profundizar la agenda de integración social, soberanía energética y cooperación ambiental. En este escenario el ex senador Juan Fernando Petro Urrego comentó para ContraRéplica que la relación bilateral enfrenta un momento relevante como la actualización de los protocolos consulares y migratorios, el viraje en la estrategia internacional sobre las drogas y el complejo mapa de seguridad en Colombia, donde los remanentes guerrilleros y la instrumentación territorial de la Paz Total inciden en la dinámica de las redes criminales transnacionales.
Atestiguamos la presencia del expresidente Gustavo Petro en la Ciudad de México para sostener un diálogo de alto nivel con la presidenta Claudia Sheinbaum. Fuera ya del ejercicio del poder ejecutivo formal, ¿cuál fue el peso político real de esta visita para la relación bilateral?
El valor de este encuentro radica en la continuidad de un pensamiento estratégico compartido. Durante el mandato de su hermano Gustavo Petro se sentaron las bases para desarticular la visión subordinada de la política exterior en América Latina. La reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum refrenda que el vínculo México-Colombia trasciende periodos constitucionales; es una alianza doctrinaria orientada a consolidar un bloque que ponga en el centro la justicia social, la descarbonización de nuestras economías y la soberanía continental frente a presiones extrarregionales.
Uno de los puntos sensibles de la agenda bilateral ha sido el flujo migratorio y las reiteradas denuncias de inadmisibilidad de ciudadanos colombianos en puertos aéreos mexicanos. ¿Qué acuerdos alcanzados en su pasada misión diplomática y en la agenda bilateral vigente garantizan que este tránsito sea digno y seguro?
Es una prioridad insoslayable porque trabajamos arduamente con el Instituto Nacional de Migración y la Cancillería mexicana para instaurar mesas consulares permanentes y sistemas de prechequeo electrónico que reduzcan la discrecionalidad en los filtros aeroportuarios. La postura que siempre compartimos con el gobierno mexicano es que la movilidad humana no debe criminalizarse; se requiere un enfoque humanitario integral que proteja al turista, al estudiante y al trabajador, garantizando el respeto irrestricto a los derechos humanos sin debilitar la seguridad de los Estados.
Inmersos en el debate sobre el narcotráfico. Tanto Gustavo Petro como el liderazgo mexicano polemizan el paradigma de la Guerra contra las Drogas. ¿En qué estado queda este replanteamiento conjunto frente a los organismos multilaterales?
Queda firmemente sembrada la certeza de que el enfoque punitivo y militarista fracasó tras cinco décadas de luto continental. La Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas celebrada en Cali trazó una ruta que México y Colombia respaldaron: atender la raíz socioeconómica, sustituir economías ilícitas mediante reforma agraria y abordar el consumo como un asunto estricto de salud pública. Ese cambio de paradigma hoy se sostiene en foros internacionales con una sola voz, desmitificando la persecución al campesinado y enfocando la inteligencia financiera contra el lavado de activos.
Colombia continúa lidiando con un conflicto armado de larga proceso. Pese a las negociaciones de la política de Paz Total, facciones como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las antiguas FARC mantienen presencia armada territorial. ¿Cuál es la evaluación real de esta pacificación?
La búsqueda de la paz no es un camino lineal ni exento de tensiones. La política de Paz Total tuvo la valentía de reconocer la naturaleza heterogénea de los actores armados: mientras con el ELN se estructuró un diálogo de carácter político que México acompañó generosamente como sede y país garante, con otras estructuras de base criminal se plantearon mecanismos de sometimiento a la justicia. Si bien persisten confrontaciones focalizadas y rupturas de treguas por la fragmentación de estos grupos, se sentó el principio irreversible de que la pacificación requiere presencia social del Estado y no únicamente bombardeos que desplacen comunidades.
Mencionaba el rol de México como sede garante en las mesas con el ELN. Desde la perspectiva de la diplomacia colombiana, ¿qué tan determinante es la mediación de la diplomacia mexicana en estos procesos?
Determinante y fraterna. México es sido históricamente tierra de asilo, entendimiento y diplomacia de paz, desde los Acuerdos de Contadora hasta los Acuerdos de Paz de Chapultepec. La hospitalidad y el rigor con el que el gobierno mexicano acogió los ciclos de diálogo con el ELN brindaron certezas jurídicas y políticas a las partes. La presidenta Sheinbaum mantiene esa vocación de puente neutral y comprometido con la estabilidad del continente.
Existe una preocupación documentada sobre la convergencia entre grupos armados colombianos y cárteles mexicanos que disputan rutas en el Pacífico y el Caribe. ¿Cómo se contiene esta transnacionalización de la violencia?
Mediante cooperación de inteligencia estratégica y judicialización del dinero sucio, no con retórica belicista. Las bandas armadas colombianas y los carteles de intermediación en México responden a dinámicas de mercado globales. Si las unidades de inteligencia financiera de ambos países no rastrean los bienes, las empresas fachada y las redes de tráfico de armas que provienen predominantemente del norte, el esfuerzo en el terreno será limitado. La cooperación bilateral hoy opera con mayor intercambio técnico y menos subordinación externa.
En materia económica y comercial, ¿hacia dónde debe transitar la balanza entre ambas economías, considerando instrumentos como la Alianza del Pacífico?
Debe transitar hacia la complementariedad productiva y el encadenamiento de valor regional. No podemos seguir concibiendo el comercio exclusivamente como la exportación de materias primas o hidrocarburos. La Alianza del Pacífico debe revitalizarse, pero alejándose de dogmas neoliberales y volcándose hacia la transferencia de tecnología, la soberanía farmacéutica y la soberanía alimentaria. México y Colombia son las dos economías más dinámicas de habla hispana en la región; si coordinamos esfuerzos industriales limpios, podemos liderar la transición energética del sur global.
Su hermano el expresidente Petro ha sido una de las voces más enfáticas a nivel global respecto a la crisis climática y la protección de la biodiversidad, un tema donde la presidenta Sheinbaum posee credenciales científicas indiscutibles. ¿Qué sinergias concretas se derivan de este perfil común?
Es una coincidencia histórica inestimable. Tenemos a una jefa de Estado en México que comprende la física del cambio climático y a un líder colombiano que ha colocado la defensa de la Amazonía y los ecosistemas estratégicos en el centro del debate geopolítico. La sinergia apunta a impulsar una agenda común de adaptación climática, fondos de compensación por servicios ambientales y una transición justa que proteja los mantos acuíferos y bosques frente al extractivismo desmedido.
Tras este ciclo político y mirando hacia el futuro inmediato de América Latina, ¿cuál es el legado primordial que el diálogo México-Colombia deja a la integración regional?
El legado es demostrar que América Latina puede hablar con voz propia, digna y sin tutelajes. México y Colombia evidenciaron que la integración no es un ejercicio retórico de cumbres presidenciales, sino una construcción cotidiana basada en resolver los dolores de nuestros pueblos: la migración digna, el fin de la guerra, el cuidado de la madre tierra y el combate frontal a la pobreza. Esa directriz ética permanece intacta y guiará las relaciones diplomáticas en los años por venir.