Estamos a pocas semanas de que la dirigencia nacional de Morena designe a las y los coordinadores de la defensa del voto, figuras que —como ha ocurrido en procesos anteriores— terminarán siendo quienes aparezcan en la boleta electoral. Y hay un hilo conductor en el título de esta columna: los tres perfiles mencionados cargarán con la tarea titánica de disputar a la derecha sus principales bastiones. Ese escenario, más temprano que tarde, ha comenzado a delinearse ahora que Morena, en las tres entidades, se muestra con una presencia política sólida y una operación territorial consistente. Desde luego, cualquier hipótesis deberá confirmarse en las urnas y en el escrutinio final, que es donde se define la legitimidad democrática.
Lo que interesa aquí es analizar la lógica de las circunstancias. México ha vivido ciclos políticos que se repiten con variaciones, pero que responden a un mismo patrón desde la irrupción de Andrés Manuel López Obrador: un reacomodo profundo de fuerzas. En ese marco, la definición de coordinadores no es un trámite; es el punto de partida de una contienda donde se pondrá a prueba la capacidad de Morena para sostener su hegemonía y la de la oposición para intentar recuperar espacios.
En Nuevo León, Querétaro y Chihuahua, más allá de las circunstancias que están acelerando la alternancia, hay una fiebre positiva por el proyecto de transformación, mayormente ahora que Sheinbaum tiene un nivel de aprobación muy elevado. De ahí, por supuesto, se sostiene gran parte de este movimiento que sigue creciendo tanto en su capacidad operativa como territorial. Por eso en estos territorios que citamos, al menos ahora, Acción Nacional ha dejado de ser el principal laboratorio partidista para convertirse en una estructura endeble y vulnerable ahora que ha perdido el rumbo y hasta la propia dignidad por el cúmulo de infamias que inventan para tratar de manchar el nombre de la jefa de Estado. Al moverse por esa columna, sobra decir, lo único que están provocando es agilizar la transición ahora que están abriéndose nuevas puertas, sobre todo para el proyecto de la Cuarta Transformación.
Y ahora que el PAN ha caído en detrimento, y Movimiento Ciudadano ha perdido rumbo en las entidades que gobierna, Morena tiene una posibilidad inmejorable de ganar Chihuahua, Querétaro y Nuevo León. Se acabó, por decirlo de algún modo, ese dominio permanente que, a la postre, los desgastó de una forma sustancial. Acción Nacional, por ejemplo, vive su peor crisis no solo por la corrupción que cargan sobre sus hombros, sino por la falta de liderazgos. Lo de ellos, entonces, siendo francos, son circunstancias acumulativas porque no hay transparencia y rendición de cuentas claras ante el grueso de la población. Con esta erosión y por el arraigo que ha perdido, el panismo no tendrá más remedio que preparar una entrega-recepción ordenada y pacífica en los estados que mencionamos, básicamente ahora que la oposición está fragmentada por la falta de un proyecto que impacte directamente en los temas de la agenda pública, así como en las políticas.
Dado el interés del pueblo de que exista alternancia, salen a flote tres liderazgos que, de pies a cabeza, dominan las encuestas internas en el seno morenista. Desde luego que la metodología final la pondrá en operación la dirección del partido; sin embargo, tenemos una lectura muy clara que nos lleva a plantearnos un escenario altamente palpable a favor de Tatiana Clouthier, Santiago Nieto y Cruz Pérez. Esas metodologías de las que hablamos, a propósito de ello, han planteado un panorama o, mejor dicho, un diagnóstico más preciso de que los tres, de plano, derrotarán a la derecha en cada uno de sus enclaves.
En Chihuahua, por ejemplo, hay una ausencia muy notoria de falta de autoridad. No hay gobernabilidad y, por ende, se abre un enorme boquete para que Morena y Cruz Pérez ganen la elección en la carrera por la gubernatura. La fortaleza de toda esa concepción, en efecto, radica en el dominante paso del alcalde de Ciudad Juárez, que cada vez se afianza más. Su papel, visible y activo, los está empujando con fuerza a la coordinación de la defensa del voto.
Lo mismo pasa en Nuevo León. Tatiana Clouthier, además de superar con enorme margen a los posibles participantes, cuenta con un poder político y un liderazgo que pocos pueden presumir. Su fuerza, desde que irrumpió el proyecto de transformación, la ha convertido en una voz protagónica, eso sí, llena de vitalidad y elocuencia. De hecho, trae un activismo que, como vemos, se convertirá en un factor o motor estratégico, máxime por los debates que propicia, que, en sí, inspiran a creer que es posible que la alternancia llegue al norte del país, básicamente por el desgaste que arrastra Movimiento Ciudadano y Samuel García. Eso, de plano, ensancha la posibilidad de que vivamos un hecho sin precedentes, tal y como pasó en Estado de México y Yucatán.
Y Querétaro, considerada por muchos como la joya de la corona, se ha incorporado de manera estratégica a los planes de Morena para competir con fuerza real. La dirigencia, al poner sobre la mesa el nombre de Santiago Nieto, ha hecho cálculos y evaluaciones internas que lo colocan como un perfil con viabilidad política dentro del proceso partidista. En ese sentido, la eventual candidatura parece diseñada para aprovechar su trayectoria y su presencia pública, con el objetivo de disputar uno de los territorios más relevantes del país. En esa lógica, Nieto Castillo será el próximo gobernador constitucional de ese territorio.