Sin querer queriendo, como diría extinto personaje cómico, se cae en la discriminación cuando se exige al funcionario austeridad a rajatabla, en todos los ámbitos, público y privado.
Apenas los críticos o la oposición se enteran de que un servidor público ha tenido la osadía de meterse a comer a un restaurante de cinco estrellas, viajar en avión en clase premier, no se diga en primera clase, hospedarse en hotel de Gran Turismo, transportarse en avión o helicóptero privado o participar en fiestas suntuosas, lo delatan y exhiben en los medios.
Le dan trato como si hubiera cometido el peor pecado del mundo, por ser parte de un gobierno que abandera la austeridad y por lo tanto juzgan que no tiene derecho a lugares que en su opinión son exclusivos de fifís, aunque pague de su bolsillo o con su propio dinero.
No se le concede ningún derecho para convivir con quienes realizan actividades laborales o empresariales distintas por las que reciben ingresos que les permiten disfrutar de toda clase de lujos.
De seguir con esa conceptualización y práctica, puede llegar el momento en que los adversarios al gobierno en turno pidan a restaurantes u hoteles, líneas aéreas y otros servicios costosos que coloquen un letrero que diga:
“Prohibido el acceso a la militancia de la 4T”.
Eso se llama discriminación.
Si bien hay una austeridad pública que es política de gobierno y por lo tanto obligada para los servidores públicos, no implica que forzosamente tenga que extenderse a su vida privada, porque entonces se estaría creando un ambiente adverso para ellos en dichos sitios.
Si los pagan con su dinero, tienen derecho.
Es injusto proceder como en la época racial en los Estados Unidos, donde por el color de piel se marginaba. Los negros y negras no podían utilizar los mismos espacios que los blancos, aunque tuvieran dinero para pagarlos. Eran discriminados, marginados y llevados a prisión si desobedecían.
En México debe quedar claro lo que es austeridad pública, cero derroches con dinero que es del pueblo.
Ese dinero sí es intocable.
Pero el dinero que se recibe como remuneración, por desempeñar un trabajo, obtenido de manera lícita, el empleado tiene derecho a gastarlo en lo que quiera y agrade.
Igual si por su trayectoria profesional, por herencia o por actividad empresarial familiar su patrimonio es significativo.
No puede ser discriminado por ese motivo, no se le puede negar el derecho que tienen otros mexicanos.
El artículo 1 en su párrafo tercero dice:
“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular los derechos y libertades humanas”.
En este contexto se vuelve injusto discriminar a servidores públicos por el hecho de que en el ejercicio de su función portan la bandera de la austeridad.
Ser austero en la vida privada es un ejercicio de libertad, que se puede practicar voluntariamente.
Tener dinero propio para pagarse una buena comida, una botella de vino, un viaje en clase premier, hospedaje en hotel de primera, no es delito.
Así que no se vale discriminar o estigmatizar a quienes se meten a un selecto restaurante o adquieren un servicio costoso.
Si por razones personales y partidistas prefieren ser austeros tanto en lo público como en lo privado, también están en todo su derecho.
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