En Iztapalapa tenemos un problema que requiere la intervención de las autoridades.
En distintas ferias patronales, carnavales y festividades de la alcaldía se ha denunciado la utilización de animales para actividades comerciales, recreativas y de entretenimiento, en condiciones que pueden constituir maltrato o explotación.
Se han documentado casos de ponys y caballos sometidos a jornadas extenuantes durante carnavales; animales utilizados para fotografías o recorridos; rifas de animales vivos, y ejemplares que permanecen durante horas en espacios reducidos o sin condiciones adecuadas para su bienestar.
También existen testimonios sobre la utilización de animales silvestres y exóticos en algunas de estas actividades.
De acuerdo con datos de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial, Iztapalapa concentra cerca del 18 por ciento de las denuncias por maltrato animal que se reciben en la Ciudad de México.
No estamos en contra de las ferias patronales, de los carnavales ni de las tradiciones de nuestros pueblos y barrios.
Son parte de la identidad de Iztapalapa y deben preservarse.
Lo que no podemos aceptar es que una tradición sea utilizada como argumento para permitir conductas que están prohibidas por la ley.
La Constitución de nuestra ciudad reconoce a los animales como seres sintientes y establece una obligación jurídica de proteger su vida, su integridad y su bienestar.
Y nuestra legislación ya considera como maltrato provocarles dolor o sufrimiento, negarles alimento, agua, espacio, atención veterinaria o mantenerlos en condiciones que afecten su bienestar.
Por eso estamos pidiendo que se cumpla la ley que ya existe.
Primero, que la Alcaldía Iztapalapa revise los permisos y autorizaciones que pudieran existir para actividades comerciales, recreativas o de entretenimiento que utilicen animales en las ferias patronales.
Porque si alguien asegura contar con autorización de una autoridad, tenemos que saber qué se autorizó, bajo qué condiciones y si esa autorización se encuentra vigente.
Segundo, que cuando existan situaciones de riesgo, maltrato o crueldad, intervenga la Brigada de Vigilancia Animal para realizar las acciones que legalmente correspondan.
Tercero, que la PAOT atienda e investigue las denuncias y, cuando corresponda, dé vista a otras autoridades.
Y si se detecta la utilización de fauna silvestre, que se dé intervención a la autoridad federal competente.
Por supuesto que no se trata de realizar operativos indiscriminados ni de afectar actividades que cumplen con la ley.
Se trata de distinguir entre tradición y abuso.
Entre una actividad permitida y una conducta que pone en riesgo a un animal.
Y entre tener un permiso para realizar una actividad comercial y pretender que ese permiso autoriza cualquier forma de utilización de animales.
Las autoridades tienen facultades para verificar, prevenir y actuar.
Lo que necesitamos es que esas facultades se ejerzan y que exista coordinación entre ellas.
Por eso también proponemos establecer mecanismos de trabajo entre las autoridades y las organizaciones de la sociedad civil especializadas en protección y bienestar animal.
Iztapalapa puede conservar sus tradiciones sin tolerar el maltrato; una cosa no está peleada con la otra.
Respetar nuestras fiestas también significa hacerlas compatibles con las leyes que nosotros mismos hemos construido como ciudad.
Si reconocimos a los animales como seres sintientes, ese reconocimiento tiene que reflejarse en la actuación cotidiana de nuestras autoridades.