Pascual Ortiz Rubio, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y marioneta en turno de “el Jefe Máximo”, “el Caudilo”, “el Jefe impoluto de la transformación del México posrevolucionario” sumergido, sin embargo, en las secuelas de la Guerra Cristera, medio concluida en 1929, un año antes de la elección presidencial.
La selección del Ingeniero Rubio, fue tan sorpresiva, que nadie hubiera esperado que el diplomático –embajador en Alemania (1924-1926) y Brasil (1926-1929)-, pudiera ser llamado de repente para contender por la presidencia, y mucho menos frente a personalidades como la de Aarón Sáenz, y la del prestigiosísimo ex rector y flamante Secretario de Educación Pública, el filósofo José Vasconcelos quien, ganando realmente la presidencia, sufrió un auténtico fraude electoral, que no fue una novela vulgar de un mediocre perdedor lloriqueando su frustración, sino un auténtico atentado a la República, que al insultar a uno de sus mejores representantes, se condenaba a esa podredumbre moral de la que Ortiz Rubio, sería otra de sus víctimas.
El candidato que llegó a Presidente, gracias a las mañas del caudillo, no tuvo un camino fácil que, a diferencia de otros casos plagados de vergüenza, el ingeniero era una persona tan respetable, que años después, el General Cárdenas –parte de su equipo-, rehabilitaría al defenestrado expresidente y alejaría a un Calles monstruoso que ponía en riesgo la propia legitimidad revolucionaria, mediante sus prácticas dictatoriales bien sabidas. Recordemos que Cárdenas lo sacó de su casa en pijama, para arrojarlo en un avión que lo llevaría a su californiano exilio.
El fraude en contra de Vasconcelos, simboliza el primer gran asalto de la demagogia hacia la inteligencia en el México del siglo veinte, su gestión mitológica al frente de la Secretaría de Educación Pública, al promover una auténtica cruzada educativa en un país lastimado por la violencia de la guerra y la presencia de liderzuelos criminales, asumiendo que es la educación, la forma de salir de la miseria, promoviéndose una campaña alfabetizadora que sería ejemplo mundial, tanto como la publicación de los libros clásicos por la imprenta universitaria, que posteriormente Jaime Torres Bodet, con los libros de texto gratuitos, completarían una de las más brillantes páginas nacionales, embarradas después, con la suciedad de la tiranía y de sus lacayos enaltecidos, que serán vergüenza de los tiempos.
Ser el títere de un fósil empoderado, de un porro romantizado por gestas demagógicas, trae la historia del que, siendo presidente por dos años, fuera sujeto desde un atentado el día de su toma de protesta, hasta víctima de los insultos, berrinches e imposiciones del tirano parapetado en las bayonetas del ejército ya para entonces sometido, después de aquel famoso acontecimiento de la carretera a Cuernavaca, donde la cuarta parte de los generales fueron fusilados por su amo omnipotente. Son los costos de vivir bajo el yugo del tirano.