La carta del 29 de octubre de 1992 firmada por Luis Donaldo Colosio y dirigida a Ernesto Zedillo, si bien aborda tema cultural, porque propuso al escultor Sebastian (Enrique Carbajal) para recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes, tiene lecturas políticas.
En ese año Colosio se desempeñaba como titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y sonaba para convertirse en candidato del partido tricolor a la presidencia de la República. Era presidenciable, aunque todavía no había nada amarrado.
Zedillo tenía el cargo de presidente del Consejo de Premiación del Premio Nacional de Ciencias y Artes, por eso la carta que recibió de Colosio, a título personal, sin el membrete de la secretaría, para evitar que se pudiera ver la propuesta como tráfico de influencias.
Incluso Colosio subraya en el texto que lo hace “en mi carácter de ciudadano atento a las manifestaciones artísticas” y en reconocimiento a la trayectoria del escultor, destacado dentro y fuera de México.
Cualquiera diría que, con ese apoyo, de un secretario consentido en la residencia oficial de los Pinos, presidenciable, era prácticamente un hecho que el premio lo ganaría Sebastián.
Además, la esposa de Luis Dolando Colosio, Diana Laura Riojas, por separado, también mandó carta, no a Zedillo, sino a José Antonio Alvarado Ramírez, secretario técnico de la Comisión del Consejo del Premio Nacional de Ciencias y Artes, con el mismo propósito, pedir el premio para el escultor.
Pues Sebastián no ganó el premio de arte en ese año, sino hasta el 2015, en el sexenio de Enrique Peña Nieto. No tuvieron el efecto esperado las cartas de Colosio y su esposa, a pesar de la aureola de presidenciable del titular de la Sedesol, secretaría que entonces era de la mayor importancia, ideal, por su presupuesto y sentido social, para quien tenía aspiraciones de gobernar al país.
Sebastián no obtuvo el premio cuando Zedillo era presidente del Consejo de Premiación ni tampoco cuando Zedillo fue presidente de México.
Interesante observar que cuando Colosio se convirtió en candidato presidencial a finales de 1993, Zedilllo fue designado su coordinador de campaña, nada más en el papel porque en los hechos no funcionó de esa manera. Fue evidente para todos y todas las que participaban en el equipo del sonorense que Zedillo no estaba en el ánimo de Colosio.
De haber sido el estratega cercano, jamás, nadie de los colaboradores del candidato se hubiera atrevido a burlarse a sus espaldas o desairar directrices del coordinador durante la campaña presidencial.
Por esa gratuita ojeriza, después de que matan a Colosio en Tijuana, Zedillo no fue visto en automático como el candidato sustituto. Hubo movimientos en el partido que trataron de impulsar a otros personajes.
Nunca imaginaron sus críticos, que lo veían como imposición de Los Pinos en la coordinación de campaña, que Zedillo sería el candidato presidencial sustituto. Lo fue y ganó las elecciones, las circunstancias lo favorecieron. El asesinato de Colosio y el levantamiento de los zapatistas en Chiapas. El anhelo de la sociedad era la paz y votó por esa paz.
Lo indiscutible es que Colosio quería que le dieran en 1992 el premio nacional de artes al escultor Sebastián y no lo consiguió, justo cuando Zedillo era presidente del Consejo de Premiación del Premio Nacional de Ciencias y Artes.
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