Hay demanda, hay financiamiento y hay desarrolladores dispuestos a invertir. Entonces, ¿por qué no despega la vivienda? La respuesta está en una tramitología que frena proyectos, una informalidad que excluye a millones y una oferta que no alcanza —ni en precio ni en volumen— para la población que más la necesita.
Algo no cuadra en el mercado inmobiliario mexicano. Banco Inmobiliario Mexicano (BIM) llega al último tramo de 2026 con 91% de avance en su presupuesto y estima cerrar cerca de 95% de sus metas, con unos 17 mil millones de pesos en crédito puente. No es un mal resultado en un año difícil. Pero tampoco es para echar las campanas al vuelo.
El problema no parece ser el dinero. Rodrigo Padilla, director general del BIM, lo dice claramente: hay menos proyectos arrancando, pero las viviendas que se terminan se venden bien. La demanda existe. Lo que falla es la velocidad para convertir esa demanda en casas.
El laberinto que encarece la vivienda
Factibilidades, permisos y autorizaciones están tardando más. Cada proyecto que permanece detenido cuesta dinero, encarece la vivienda y termina pagando el comprador.
Lo paradójico es que BIM ha incrementado 13% su cartera de crédito puente para vivienda en los últimos 12 meses y ya es el tercer banco más grande en este segmento. Es decir, el financiamiento está acompañando al mercado. Pero un crédito no construye una casa si el proyecto sigue atrapado en la permisología.
Hay que decirlo sin rodeos: agilizar trámites no es hacerle un favor a los desarrolladores. Es política de vivienda.
La vivienda barata: el gran pendiente
El propio BIM da una pista de hacia dónde deberían dirigirse los esfuerzos: 88% de lo que financia en vivienda corresponde a unidades de menos de 2 millones de pesos. Justamente el segmento donde está la mayor necesidad y donde producir resulta más complicado.
Hay desarrolladores que hacen esfuerzos para construir viviendas abajo de 2.5 millones de pesos en la CDMX y algunos incluso debajo de 2 millones. Innovan, contienen costos y buscan negociar con autoridades. Pero un país no puede resolver su déficit habitacional a punta de excepciones.
Se necesita suelo, infraestructura, servicios, certeza jurídica y reglas que permitan construir vivienda accesible de manera masiva. La casa que más necesita México no puede convertirse en la casa que nadie puede producir.
La informalidad la competencia… desleal
Y hay otro muro: la informalidad. Padilla estima que 55% de la población está en esa condición. Para ellos, acceder a un crédito hipotecario formal es mucho más complicado porque no existe una nómina que compruebe ingresos ni, en muchos casos, seguridad social.
Así que tenemos otro círculo vicioso: informalidad, menor acceso al crédito, menor capacidad para comprar y mayor presión sobre la renta.
Mientras tanto, en las regiones con más empleo formal —Monterrey, Tijuana, Guadalajara y zonas del Bajío— el mercado hipotecario es mucho más dinámico. La lección es evidente: vivienda, empleo y financiamiento no pueden seguir diseñándose por separado.
BIM quiere diversificarse hacia otros segmentos inmobiliarios, además de vivienda, pero el gran reto del país es construir para quienes hoy no pueden comprar.
En México el problema no es falta de demanda sino oferta insuficiente, cara y lenta de producir.
Hay que abatir los obstáculos para construir. Podremos tener bancos con dinero, desarrolladores con proyectos y familias con necesidad de vivienda. Lo único que seguirá faltando será lo esencial: la casa.
PREGUNTA
¿Hay una casa o depa que puedas comprar?
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