@arturocarrascoc
El pasado primero de septiembre la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su segundo informe de gobierno. En poco más de una hora dio a conocer las principales acciones que ha emprendido su administración, destacando los avances logrados y, también, los complejos retos que enfrenta ante el inicio del tercer año de su sexenio.
En un contexto marcado por tensiones en su partido político, la relación con Estados Unidos, la seguridad y otros problemas internos, este informe representa una coyuntura reveladora sobre cómo se observa a sí mismo el gobierno y qué se puede esperar para el siguiente año, el cual será de elecciones.
Como ejercicio democrático, este informe sirve como un acto de transparencia y rendición de cuentas que fortalece a la democracia representativa; sin embargo, no basta con informar, es indispensable saber qué se informa y en qué sentido. La rendición de cuentas sin evaluación no es funcional, porque no impide saber qué se puede mejorar o a qué debe darse continuidad.
En términos económicos la presidenta sostuvo que se mantiene un rumbo firme, señalando que se han logrado cifras récord de inversión extranjera directa. Habló también sobre seguridad y salud, destacando el uso de inteligencia policial y la expansión del sistema IMSS-Bienestar, asegurando que con esto se garantizaba la cobertura universal.
Por supuesto, estos datos son importantes porque hablan del interés de garantizar el bienestar nacional ante presiones comerciales y migratorias; no obstante, estos indicadores también deben contrastarse con aspectos que no podemos soslayar. Si bien en el ámbito macroeconómico se observan avances, en lo que respecta a la economía de las personas, seguimos atorados.
La inversión no permea hacia abajo y la inflación en productos básicos persiste; en otras palabras, la inversión no se refleja en reducción de la desigualdad y ahí radica el problema. En el sector salud ocurre lo mismo. Si bien se busca garantizar la salud a todos, la pregunta obligada es ¿qué clase de salud? Un hecho reciente muestra el estado que guarda este sector: en días pasados se informó que 135 médicos del Hospital General de la Ciudad de México se enfermaron de salmonela. Este suceso no sería relevante si fuera algo extraordinario o inusual; lamentablemente no es así, es algo ordinario y más común de lo que quisiéramos. De ahí la necesidad de evaluar críticamente lo dicho.
Algo que llamó mucho la atención en el informe fue la necesidad de insistir en que en Morena y en el gobierno impera la unidad y todo marcha bien. Es irónico que, si todo se encuentra bien, se tenga que ser tan reiterativo en este sentido. Al igual que en los otros aspectos, es necesario evaluar la realidad y no irnos con lo dicho. Si bien las encuestas siguen colocando al gobierno de la 4T en un alto índice de aprobación, existen sucesos que ponen en duda esa unidad.
El caso del ex gobernador Rocha Moya y del senador Inzunza ha dejado fuertes huellas en el morenismo, al grado de que en unos meses se pasó del “no estás solo” al “te dejamos solo”. Esto ha llevado a los grupos internos a velar por sus intereses y protegerse ante posibles acusaciones que puedan surgir en el corto plazo; de ahí que todos busquen ahora una candidatura para estar seguros, las cuales a su vez se volverán una prueba para ver si esa unidad en verdad existe.
El informe presidencial se revisará en los próximos meses en el Congreso de la Unión mediante la glosa legislativa, y ahí podremos tener más elementos para hacer una evaluación del mismo y así comprobar si los datos son tan alegres como se dijo.