Pactar con los narcotraficantes, a nivel de gobierno, para mantener la tranquilidad es una idea que siempre está presente y que se encuentra arraigada en el desconocimiento, la fantasía y la temeridad.
Desconocimiento porque no hay con quién hacerlo, ya que no se conoce un liderazgo criminal capaz de controlar toda la red de intereses que alientan los mercados ilegales.
Fantasía porque se cree que hay recetas mágicas para terminar con la inseguridad y que ésta responde a unas cuantas mentes malvadas que podrían ser cooptadas.
Temeridad, porque alentar a uno de los grupos, para destruir a los otros, sería dar patente de corso para cometer crímenes y establecer una paz ligada a la extorsión.
Esto no quiere decir que los narcotraficantes no hayan impuesto su ley en algunos momentos. En los años setenta y ochenta, la Dirección Federal de Seguridad (DFS) fue infiltrada por los bandidos, hasta el grado de que uno de sus últimos titulares terminó en prisión por el asesinato del columnista del diario Excélsior, Manuel Buendía.
El portón de entrada al estacionamiento de la DF tuvo que ser ampliado para que pudieran entrar las cajas de los tráileres con contrabando, que eran un negocio de los comandantes.
Rafael Carlo Quintero, líder del cártel de Guadalajara, visitaba a los altos mandos, y ese era motivo de fiesta, porque repartía dólares y regalos.
A lo largo del país, algunos de los subdelegados de la Policía Judicial Federal (PJF) solían establecer compromisos con maleantes y el dinero corría como ríos de oro.
Toda aquella podredumbre se enfrentó desapareciendo a la DFS y tratado de construir policía. Este empeño ha tenido sus altibajos y se han creado diversas corporaciones.
La Agencia Federal de Investigación (AFI) suplió a los antiguos judiciales y tuvo algunos avances importantes durante el gobierno de Vicente Fox, cuando el procurador era el general Rafael Macedo de la Concha y el director de los policías Genaro García Luna.
La AFI estableció un sistema compartimentando de información, para evitar que los delincuentes pudieran conocer de planes y operativos y para evitar filtraciones.
En el tema de los secuestros se rescataron víctimas y se desmembraron bandas.
La Policía Federal, creada en el gobierno de Ernesto Zedillo, resultó uno de los esfuerzos más interesantes para construir una agencia con capacidades institucionales. Dejará de existir en 18 meses, para dar paso a la Guardia Nacional.
Lo que se requiere, y eso está probado, es fortalecer a las instituciones, revalorar el trabajo policial para hacerlo respetable y hacer que se cumpla la ley para evitar la impunidad. No es sencillo y a estas alturas los responsables de enfrentar el problema lo tienen claro.
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