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Columnas
Era una mañana llena de felicidad, concluía el festival del día de las madres en la escuela primaria José María Morelos y Pavón, las niñas y niños, vestidos con sus trajes y vestimentas que habían utilizado en sus bailables que habían presentado para sus mamitas, se formaban para tomarse una fotografía con ellas en un espacio montado para tener un recuerdo especial de ese día.
En ese espacio, iban pasando uno a uno los y las alumnas de la escuela con sus madres y algunos con la abuelita porque la mamá no había podido ir por cuestiones de trabajo, pero hubo una niña, Samantha que llegó a este lugar abrazando una fotografía. Sí una fotografía de su madre que había sido asesinada por su padre cuatro meses antes de este 10 de mayo.
Samantha es uno de los miles y miles de niñas, niños y adolescentes que quedan en situación de orfandad a causa de feminicidio. Niñas, niños y adolescentes que quedan indefensos, vulnerados y que en muchas ocasiones pierden todo en cuestión de minutos, porque quien perpetró el crimen contra su madre fue su propio papá.
Niñas, niños y adolescentes, que quedan totalmente indefensos porque no hay una política pública que esté pensada o diseñada para protegerlos, es más no se ha considerado ni siquiera un programa estadístico para saber quiénes son, ¿cuántos son y dónde están?, quedando, así como un sector de la población invisible, que no vemos o que no queremos ver.
Si bien en 2020, se presentó por parte de la Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman Zylberman presentó el “Protocolo Nacional de Atención Integral a Niñas, Niños y Adolescentes en condición de Orfandad por Feminicidio (PNNAOF)”, en los hechos, la realidad es otra porque como mencionaba, para empezar no se sabe ni cuántos son, lo que en la presentación de este documento la titular del INMUJERES resaltó que en la petición de información solo 26 entidades federativas dieron respuesta y con datos del 2019.
En 2022 este mismo instituto, realizó un informe titulado “Identificación de niñas niños y adolescentes en orfandad por feminicidio de su madre”, en donde menciona que de enero a diciembre del 2021, tenían registrados un total de 859 niñas, niños y adolescentes en condición de orfandad, aclarando que este número solo es una aproximación.
Esta falta de información, niega a las niñas, niños y adolescentes en situación de orfandad por feminicidio, toda posibilidad de que el Estado los proteja, y que los proteja, iniciando por revisar qué familiar o quién asumirá el cuidado de la niña, niño o adolescente, porque las redes de apoyo, los que se van generando en torno a ellos son débiles o inexistentes; esto implicará un entramado legal que agilice y garantice que quien se quede como tutores sean las personas idóneas garantizando así un ambiente que les ayude a superar la situación vivida.
Que los proteja, para garantizarles el apoyo psicológico y emocional adecuado para lograr, en la medida de lo posible, que el evento violento que le quitó a su madre, no sea un obstáculo para su desarrollo sano e integral, para que se les garantice su derecho a la educación, su derecho a la salud, a una alimentación sana, a tener una vida libre de violencia, en fin, de crecer ejerciendo plenamente todos sus derechos.
Porque si no lo hacen, aquella frase dicha por Nadine Gasman, “La orfandad de madre o cuidadora de niñas, niños y adolescentes no debe traducirse en una orfandad de Estado”, solo será eso, una frase, porque estas niñas, niños y adolescentes, para el Estado siguen siendo invisibles.
Dra. Rosalía Zeferino Salgado
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública