El último Grito de López Obrador
El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, terminó como uno de los mandatarios de mayor aceptación en la historia moderna de México, nos guste o no. Más allá de las encuestas, El Grito de Independencia en el Zócalo capitalino fue el mejor termómetro de la aceptación que tiene de la población, luego de que más de 260 mil personas se dieron cita a la principal plaza del país, donde por horas soportaron el claro y la lluvia. Incluso pelearon por tebner los mejores lugares para ser testigos del último Grito del tabasqueño, quien dentro de poco, como lo ha dicho, se retirará a su rancho para escribir sus memorias.
Los Yunes, esclavos de sus decisiones
A quienes les dieron la espalda de manera definitiva fue a la familia Yunes en Veracruz. Y lo hizo la propia gobernadora electa de la entidad, Rocío Nahle, quien dejó en claro que ahí se reservan el derecho de admisión. Dicen que, en la negociación para aprobar la reforma judicial, condicionaron a que continuarían teniendo el control de Boca del Río y el propio puerto de Veracruz; sin embargo, todo parece que no le van a respetar el acuerdo. Lo que más les preocupa a los Yunes es que no les vayan a respetar la impunidad, es decir que el próximo gobierno mantenga abiertas las investigaciones en su contra, porque en cualquier momento se las podrían hacer efectivas. Los Yunes serán esclavos de sus propias decisiones.
Culiacán, presa del crimen organizado
Culiacán sigue siendo una bomba de tiempo, en el que las autoridades estatales parecen estar de muestra, porque no tiene la capacidad para frenar la fuerza violenta de los cárteles de la droga, ahí asentados, y que en la última semana se han disputado el territorio a balazos, fuego y sangre. Incluso, la presencia de la Guardia Nacional no ha sido suficiente para controlar las ejecuciones y levantones entre uno y otro bando. Lo lamentable de todo esto, es que los ciudadanos de a pie, los que salen a trabajar para obtener su sustento se encuentra en medio y terminan siendo víctimas de un fuego cruzado y no les queda más que aguantar.