Lo que se dio a conocer como la democracia más consolidad a del mundo se ha convertido en una dictadura, donde el presidente gobierna los tres poderes impunemente. Desde la imposición de aranceles que viola los acuerdos de un tratado comercial con sus socios hasta la revocación de las ciudadanía y prohibición de las visas, son parte de las atribuciones de Trump que gobierna como si fuera un monarca, en lo que en ningún momento fue una democracia ejemplar.
Amenaza con la fuerza de la OTAN, sin consultar a los países miembros y desobedece fallos de jueces para seguir con una política que nadie sabe cuál es, ni siquiera él. La oposición mexicana todavía no se atreve a decir que si seguimos con el gobierno de la 4T estaríamos como en Estados Unidos, con la gente comiendo en las calles de los contenderos de basura, los supermercados sin mercancía, saqueos, manifestaciones diarias, las cosechan se pudren, los jóvenes drogados, sin inversión privada, sin turismo, sin medicinas, sin servicios de salud, es decir, peor que en Venezuela y Nicaragua.
Estados Unidos vive una crisis sin precedente que, en tres meses se volvió irreversible y lacerante por las indecisiones de un presidente que fue electo por el pueblo pero se fue contra ese mismo pueblo, en medio de un convulsionado planeta donde los habitantes de cualquier país del mundo están mejor que en el vecino país del norte.
El Partido Republicano ha dejado de brindarle su apoyo al Presidente porque sabe que su forma de gobernar le costará varias derrotas electorales y no se diga si intenta reelegirse por tercera vez, como amenazó hacerlo hace unas semanas.
Trump es una combinación de Nerón y Calígula, donde la locura se adueña del poder sin que haya ningún siquiatra que pueda definir su patología para detenerlo. Del respeto que tenían algunos estadounidenses por los presidentes de su país ahora sólo queda el temor de que enloquezca y mande misiles como única manera de demostrar superioridad.
Trump, impuso ahora un arancel del 30% a las importaciones procedentes de México y la Unión Europea a partir del 1 de agosto, luego de semanas de negociaciones con los principales socios comerciales sin alcanzar un acuerdo.
A los países supuestamente afectados se les impide hacer pronósticos porque un día impone un arancel, al otro lo reduce, al otro lo quita, y, al siguiente lo vuelve a anunciar y finalmente ya no se acuerda en qué parte del improvisado guion se quedó.
Ya no importa el monto del arancel, aquí lo esencial es que no cambie de opinión, porque de otra manera se convierte en blanco móvil con el que no puede acordarse nada y recordar nada. Una especie de amenaza senil sin rumbo ni razón de ser.