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Ya no estoy aquí

Ya no estoy aquí

Columnas jueves 25 de febrero de 2021 -

Antonio Rodríguez

Media cabeza rapada, y los mechones sobrantes teñidos de colores estrafalarios. Vestidos con ropas holgadas, demasiado holgadas, tenis cómodos y escuchando en la radio ritmos caribeños, que ya mexicanizados, se conocen como cumbias rebajadas cambiando la cadencia de las mismas. Se hacen llamar “los terkos”.

Los terkos viven, o mejor dicho sobreviven, en uno de los barrios más lastimados de Monterrey, uno de tantos no solo del norte, sino del país mismo. Se dedican a vagar y escuchar y bailar cumbias colombianas re-bautizadas como Kolombias, que como tantos modismos nacionales, nadie sabe ni quién, ni cómo, ni cuándo llegaron y que han sido el deleite de esta manada que encuentra su identidad entre las letras de las mismas.

Entre los bailes -casi rituales- de esta pandilla. Fernando Frías nos cuenta la historia de Ulises (Juan Daniel García) el líder del clan proveniente de una familia lacerada por el narcotráfico y la pobreza extrema de este país, esa que se vive de norte a sur pero que tanto se empeñan las autoridades y los políticos influencers en decir que no existe.

Frías deja claro que es un cineasta sensible ante la cámara, pero que no por ello necesita de la parsimonia de esta para contarnos una historia profunda. Que gusto da cuando un director entiende que dejar la cámara fija y rodando durante minutos no es sinónimo de profundidad.

Ya no estoy aquí mete el dedo en llaga, esa que no ha cerrado desde hace tanto, cuestionando la efectividad de la “guerra contra el narcotráfico” instaurada por Felipe Calderón, y que aparentemente no solo trajo al país desgracia sino que también, como efecto colateral, una pérdida de identidad nacional revestida de apropiación cultural que algunos consideran una mera asimilación de la misma.
Es Octavio Paz en su “Laberinto de la soledad” que, al hacer un análisis del mexicano en tierras extranjeras, se adentra en la cultura chicana y los pachucos: aquellos mexicanos que no se sienten parte de México ni de Estados Unidos, que extraño parece que casi setenta años después de esa publicación, haya grupos de gentes que siendo Mexicanos y estando en este país tampoco se sientan parte del mismo.

El ciclo que cuenta Frías es realmente corto pero poderoso para el camino de Ulises que tiene que andar sobre tierras extranjeras como una pesada losa sobre la espalda: la de la carnicería dejada por el narcotráfico, pero sobre todo la de la pobreza interna aquella que reluce cuando uno está fuera de su zona de confort.
Ya no estoy aquí se encuentra contendiendo en los Oscars de este año como mejor película extranjera. Se puede ver Netflix.


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/CR

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