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Yo soy Peso Pluma

Yo soy Peso Pluma

Columnas lunes 05 de junio de 2023 -

Audio: https://youtu.be/O5yywgf0_Ms

“Yo soy Peso Pluma”, dice la nota postuma de un niño de once años que se suicidó colgándose de un árbol en el patio de su casa después de que sus padres le prohibieron escuchar a este intérprete de corridos tumbados. Así lo consignaron los medios de comunicación. Los hechos ocurrieron en Coahuila, un estado con altos índices de violencia, generada por el crimen organizado.

En Nayarit, autoridades educativas se pronunciaron a favor de que la música de Peso Pluma no se escuche en las escuelas de educación básica, porque no representa acciones positivas e incide en temas de violencia, sexo, alcohol y drogas. En Benito Juárez, Cancún, Quintana Roo, las autoridades prohibieron los conciertos que promuevan la violencia. Por su parte, establecimientos de Acapulco y del propio Coahuila, prohiberon la música de Peso Pluma.

Ante tan lamentable hecho y las acciones de algunas autoridades, la pregunta resulta inevitable: ¿Deben censurarse las canciones de Peso Pluma y de otros intérpretes de corridos tumbados? La respuesta es no.

Ni Peso Pluma, ni Natanael Cano, ni ningún trapero, rapero, o regguetonero, son culpables de la violencia producto del narcotráfico. Son expresiones libres de creadores. La situación de inseguridad, la violencia que padecen algunas zonas del país, los miles de desaparecidos o levantados, los feminicidios, son producto de la corrupción e incapacidad de las autoridades de todos los niveles.
Intérpretes como Peso Pluma forman parte de la narcocultura, que con algunas de sus letras, no todas, contribuyen a la apología del narco y la violencia, porque ayudan a construir el espejismo de una vida de lujos y excesos. Un mundo ideal de ropa de marca, mujeres sensuales y autos de lujo, a los que ninguno o muy pocos de los niños y jóvenes que los escuchan tendrán acceso.

Más que una enajenación ideológica es un nicho de mercado que el capitalismo global devora con una capacidad asombrosa. En general, todo intérprete éxitoso, es tal cuando se convierte en un producto de masas, a través de la comercialización y difusión en medios de comunicación y plataformas digitales. Eso es Peso Pluma un producto de moda que es un buen negocio. Hechos lamentables como el suicidio del niño de Coahuila, sólo contribuyen a aumentar la fama del intérprete y en consecuencia, a aumentar sus ventas por compra o descarga.

La respuesta de las autoridades no debe estar en la prohibición, sino ofrecerle a los niños y jóvenes alternativas para su formación y esparcimiento. Evitar el abuso escolar y estar pendientes de la violencia en sus hogares. No podemos obviar el hecho de que varias generaciones de jóvenes estarán marcados por esta música. Hay que comprender, no prohibir. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?



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/CR

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