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A la sociedad

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Columnas viernes 10 de diciembre de 2021 -

Es un principio muy ilustrado, el no hablar en primera persona cuando desarrollamos cualquier argumento formal. La objetividad y la claridad no se mezclan con los problemas “intrascendentes” de un “yo” que se enfrenta a los avatares de la vida.

Rousseau contradecirá ese planteamiento analítico, reprochando cara a cara a su mundo que también somos seres que sienten, exaltados por los apasionamientos o digeridos por sentimientos ¿por qué negarlos? Yo me reconocí en esta serie de principios desde mi tesis doctoral que al tratar al pensador suizo, entraba en el terreno de esa humanidad que sin embargo, tenemos.


El miedo y el terror, uno como posibilidad y otro como realización, se entrelazan cuando la incertidumbre se convierte en la protagonista, y es así que la sensación de vulnerabilidad persiste. Yo he sido atacado seriamente a través de mis sistemas en constantes intromisiones a mi intimidad con una cruel persistencia. Existimos seres humanos que confiamos en el valor del respeto y de la justicia, podemos efectivamente apelar siempre a los principios de honradez y de respeto, en donde todo lo ganado ha sido a través del trabajo comprometido y serio, en mi caso, como un profesor muy orgulloso de mis universidades, de mis alumnos y de mis colegas.

Ciertamente que tengo el privilegio de exponer mis pensamientos por una vía como la escrita, sometiéndome con el respeto y la humildad pertinentes, al juicio de mis lectores que tienen todo el derecho a cuestionarme, asumiendo que todo lo creado y dicho por el ser humano es y debe ser criticado, como lo es la política, y todas las creaciones producto de la ciencia, sin comprometernos como esos fanáticos. Hannah Arendt, comprende que los radicales asumen que todos debemos de seguir a esos ídolos a los que están dispuestos a seguir hasta la abyección y el delito, confiando en la supuesta superioridad de sus opiniones.

Expongo públicamente la violencia y el abuso, mientras reafirmo mi compromiso con la ciencia, y el deber de un profesor por exponer su planteamiento, mismo que debe fluir con libertad, sin decaer por la violencia el espionaje, el acoso y la furia de sujetos que no distinguen mis deberes como académico y como persona comprometida con la defensa de mis principios apegados al respeto por el otro y por la ley.

Apelando a una sociedad para que retome la sensatez y la moderación, sin menoscabo de sus creencias, pido que se abdique a la amenaza y a la propagación de falsedades terroríficas a través de software maliciosos, tramposas apps que desinforman y generan pánico e incluso amenazas directas a mi integridad de las que pude salir, quizá, porque los que fueran enviados se dieron cuenta que la realidad chocaba contra el resentimiento.


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