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Columnas
Con la finalidad de reducir problemas de ciberacoso bullying y distracción en redes durante clases, el pasado jueves en Querétaro entró en vigor la normatividad de no permitir el ingreso de telefonía celular a las aulas de las Escuelas públicas y privadas para educación básica y media superior. De esta manera, es el primer estado en México en tomar este tipo de medidas, que ya se venían dando en otros países del mundo, como Francia, Bélgica, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Italia y Argentina, países en los que optaron por limitar el uso de celulares, promover el uso responsable de la tecnología, en algunos casos la total restricción de su uso en escuelas públicas y privadas.
En este marco, Australia fue más allá, ya que, en noviembre de 2024, aprobó una ley que prohíbe el uso de las redes sociales a los menores de 16 años y Suecia abandonó el uso delas computadoras y tabletas en las escuelas, para regresar a los libros impresos en las aulas y mejorar el aprendizaje y desarrollo cognitivo de sus estudiantes.
Esto nos lleva a reflexionar, como en todos los espacios se habla de las infinitas posibilidades y oportunidades que se generan por y a través del uso de las tecnologías. Sin embargo, en algo estamos fallando como adultos, que no hemos sabido y/o tenido la capacidad para enseñar a nuestras niñas, niños y adolescentes a utilizarla, porque como lo plantea el psicólogo social Jonathan Haidt en su libro “La Generación Ansiosa”, hay una relación causa-efecto entre el consumo generalizado de móviles y videojuegos por parte de niños y adolescentes, sin vigilancia paterna, y el «tsunami de enfermedades mentales» en menores.
Esto derivado de dos tendencias que han reconfigurado la infancia: la sobreprotección en el mundo real y la infraprotección en el virtual. Es decir tenemos infantes y adolescentes que abandonaron los juegos, el mundo real y “viven” en una dinámica de vida que está basada en el teléfono y otros dispositivos que a través de las redes sociales los hacen “convivir”, con personas “virtuales” que no saben si realmente existen o no, pero que muestran una vida y experiencias que se vuelve aspiracional, lo cual les genera ansiedad, depresión, que sean autolesivos o suicidas.
Razón por la que, Haidt, califica de «error catastrófico» que padres y educadores hayan incurrido en un exceso de protección en el mundo real y una total desprotección en el virtual, porque esto ha provocado que los niños nacidos a partir de 1995 hoy sean “La Generación Ansiosa”.
Jonathan Haidt, sin satanizar las tecnologías, sino valorando sus beneficios, en su obra, exhorta a las y los adultos a limitar el uso de la tecnología y las redes durante las etapas críticas de la infancia y la adolescencia, porque dañan el cerebro de los jóvenes, llevándolos a la privación social, a la falta de sueño, a la fragmentación de la atención y a la adicción tecnológica.
Y con una visión optimista, plantea que aún estamos a tiempo de revertir el daño, si poderes públicos, empresas tecnológicas, centros escolares y padres ponen en marcha una serie de medidas para que el menor de edad se sustraiga al anzuelo de la adición virtual y pueda madurar en el mundo real.
Las medidas que propone, son las que han venido tomando en diferentes países y ahora en Querétaro y observa que si se implementan con el consenso entre gobiernos, empresarios, docentes, padres y madres de familia, en dos años mejoraría la salud mental de las niñas, niños y adolescentes: 1) No al smartphone antes de los 14 años; 2) No a las redes sociales antes de los 16 ; 3) No a los teléfonos celulares en las escuelas y; 4) Mucho más juego y actividades que permitan que desarrollen habilidades físicas, sociales, emocionales y cognitivas. No son complicadas y la salud mental y física de las niñas, niños y adolescentes bien valen la pena.
ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratçegica
e Imagen Pública