Con la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), el presidente Andrés Manuel López Obrador decretó la separación del poder político del poder económico, un momento que pasará a la historia.
Para mandar este mensaje tan fuerte y tan relevante para la vida del país, el presidente eligió el 21 de marzo. La fecha no fue casualidad, tiene que ver con el natalicio de uno de los hombres más grandes que ha dado México, Benito Juárez, el presidente que hizo posible la separación de la Iglesia y el Estado.
Como lo ofreció durante su campaña, el 28 de octubre de 2018, tuvo lugar la consulta para que el pueblo decidiera la cancelación del proyecto de aeropuerto en el lago de Texcoco y al día siguiente, el entonces presidente electo López Obrador, informó en rueda de prensa, que respetaría el resultado de la consulta. Pero el mensaje no era para el pueblo, era para la oligarquía que, hasta ese momento, había tiranizado a México.
Era el momento de asumir el poder y hacer valer la representatividad y legitimidad que le dio el pueblo, solo un Presidente que llegó sin compromisos con esa élite que decidía el destino de nuestro país, podía hacerlo, y lo hizo. No hacerlo lo hubiera dejado en una posición débil ante el capital mezquino y salvaje. “La decisión… es racional, democrática y eficaz,” dijo el presidente electo Andrés Manuel, yo le agregaría, de Estado.
Esa fecha es un parte aguas en la forma de gobierno en México. Me recuerda lo sucedido en diciembre de 1946, cuando el entonces recién instalado en la presidencia Miguel Alemán Valdés, fue recibido con un emplazamiento a huelga en PEMEX. Sin titubeos, el Presidente ordenó que saliera el ejército para atender las gasolineras. Ante esta situación, los trabajadores tuvieron que ceder y conformarse con un 10% de aumento salarial y no el 15% que podían haber alcanzado si hubieran negociado. Cuentan que, los líderes petroleros le comentaron al Presidente que sólo lo estaban calando; recibiendo por respuesta, “pues ya me calaron”. Así, los oligarcas calaron al presidente López Obrador y él les dio con el AIFA, un tengan para que aprendan.
Es así que en 2018 transitamos de una tiranía oligárquica, el desgobierno de un tirano que representa los intereses de un grupo de potentados, a una democracia. El peligro actual es que aquellos ricos, los notables y una parte egoísta de la clase media, se sienten agraviados y decidieron unirse para tratar de derrotar a la democracia e instaurar literalmente una oligarquía.
De ahí la importancia de la consulta del 10 de abril, es el momento preciso para ratificar la legitimidad del presidente más popular que ha tenido el México reciente. Serán millones los que saldrán a votar para que siga Andrés Manuel López Obrador y que frenarán el intento oligarca de regresar al poder. Esto y no otra cosa, es lo que está en juego, estamos haciendo historia.
ENTRE GITANOS.
1) La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, fue la invitada especial que más brilló en un evento que pudo haber sido opacado por la veda electoral, pero que se vivió y sintió como un gran homenaje en vida al presidente López Obrador. “Feliz”, se dijo Sheinbaum, no es para menos, se trata de un proyecto histórico y colosal, basta ver el documental que le dedicó Epigmenio Ibarra, para darse cuenta de su trascendencia.
2) Ya se siente el ambiente de campaña, la CDMX se vistió de fiesta rumbo a la ratificación de mandato, pero no fue gracias al INE, sus spots no buscan mover las fibras más profundas de la ciudadanía para lanzarla a las urnas el 10 de abril. Su objetivo es lavarle la cara al INE, arraigar el sentimiento de pertenencia en la gente y prepararse para resistir las consecuencias de su parcialidad. Algo imposible, por lo menos mientras tengan a un presidente del INE como Lorenzo Córdova, rebasado y descontrolado, que no ceja en su empeño de minar el INE. Sólo así se explican las fuertes palmadas en el hombro, que le dio al diputado de Morena, Cuauhtli Badillo Moreno.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com