En un mundo que parece acostumbrarse al horror, el silencio se vuelve cómplice. Desde México, y en pleno respeto a los principios de nuestra política exterior la paz, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, debemos alzar la voz ante el genocidio que continúa en Gaza. Así lo ha reiterado nuestra Presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, y así lo respaldamos quienes creemos que la defensa de la vida y la dignidad humana no reconoce fronteras.
El conflicto en Medio Oriente ha dejado ya más de 67 mil víctimas, la mayoría civiles, entre ellas se cuentan niñas, niños, mujeres, personal médico, brigadistas humanitarios, académicos y más de 250 periodistas que perdieron la vida ejerciendo su labor: informar al mundo de una tragedia que muchos prefieren ignorar. Detrás de cada cifra hay un rostro, una historia truncada, una familia destrozada.
Más de 20 mil niñas y niños han muerto bajo los bombardeos en Gaza, Líbano, Irán y Cisjordania. Ellos son la evidencia más dolorosa de nuestro fracaso como humanidad. También lo son las 9 mil mujeres que han perdido la vida, así como las más de 4 mil personas mayores que no lograron escapar de la violencia. No se trata de estadísticas, sino de seres humanos que merecían un destino distinto.
El llamado que hacemos desde México no es político, es profundamente humano. Como bien señaló el presidente de Colombia en la Asamblea General de la ONU: “No hay un pueblo elegido por Dios, el pueblo de Dios es la humanidad misma.”Es tiempo de reconocer que el dolor de un pueblo es el dolor de todos.
Hoy, 156 países de los 198 que integran la Asamblea General de las Naciones Unidas han respaldado el reconocimiento de los dos Estados, en un intento por construir una salida pacífica y justa al conflicto. Sin embargo, mientras no se garantice el acceso de ayuda humanitaria, alimentos y medicinas, la paz seguirá siendo una promesa lejana.
La semana pasada, una flotilla internacional de 39 barcos, denominada Global Sumund, intentó romper el bloqueo impuesto por Israel sobre la Franja de Gaza. Más de 400 activistas de distintas nacionalidades participaron en la misión. Aunque fueron arrestados y posteriormente liberados, su valentía recordó al mundo que la solidaridad no puede ser criminalizada. Cada acción en favor de la paz es una esperanza encendida en medio de la oscuridad.
Poner fin a la hostilidad es apenas el primer paso. Las heridas de esta guerra no se cerrarán pronto: las pérdidas humanas, la devastación de ciudades enteras y el desplazamiento forzado de millones de personas demandan una reconstrucción profunda, no solo material, sino también moral.
Como señaló el secretario general de la ONU, António Guterres, “ante el horror no podemos ser ajenos”. La indiferencia destruye tanto como las bombas. México, fiel a su historia diplomática, ha sabido colocarse del lado correcto: el de la paz, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Por ello, celebro la postura firme y valiente de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha mantenido una voz clara en defensa de los derechos humanos y en rechazo a cualquier forma de violencia. Desde el Grupo Parlamentario de Morena, respaldamos plenamente esta visión y reafirmamos nuestro compromiso con la construcción de un mundo donde las niñas y los niños puedan crecer sin miedo, donde la vida se imponga sobre la guerra y donde la humanidad vuelva a reconocerse como una sola.
Callar frente al genocidio sería renunciar a lo que nos hace humanos. Por eso, desde México, levantamos la voz: por la paz, por la justicia y por la vida.
María Rosete.