*No se avisora un cambio radical en el plazo inmediato; sin embargo, probablemente la historia consigne este hecho como el punto de partida para lo que entonces será una realidad
Brasil, Rusia, India, China y Sudráfrica, conforman una alianza de economías emergentes, junto con otras más, que pretende actuar como contrapeso a Occidente. Estos países son relevantes en ese grupo porque son las naciones fundadoras y de ahí el acrónimo de BRICS, utilizando la primera letra del nombre de cada país fundador.
El objetivo de los BRISC es claro, desde hace años buscan alternativas contra la hegemonía mundial del dólar; pretenden un nuevo orden económico mundial.
El objetivo no es fácil, será algo que si algún día se logra requerirá de muchos años y quizás de algún factor fortuito que hoy no conocemos.
Pero, recientemente sucedió algo que podría modificar en algún momento no muy lejano el contexto y con ello la geoconomía y geopolítica global.
Hace unas semanas se daba por seguro que Emiratos Árabes Unidos (EAU), Egipto y Bangladesh serían invitados a unirse a los BRICS, debido a que ya forman parte del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.
Pero, finalmente fueron invitados otros países como Irán, Argentina, Etiopía y Arabia Saudí. Esta última nación es relevante, mucho.
Desde hace algunos años se rumoraba que Arabia Saudí deseaba entrar en el grupo de los BRICS, pero la situación geopolítica generaba severas dudas sobre si el país formalizaría o profundizaría sus lazos políticos y económicos con el cártel de los emergentes.
Finalmente este país tomó la decisión, aceptó la invitación y con esta acción parece nuevamente alejarse del bloque liderado por Estados Unidos, a pesar del acercamiento que supuso hace unos días el acuerdo entre ambos países para el reconocimiento de Israel por parte de Riad.
Los lazos entre Arabia Saudita y Estados Unidos se rompen desde hace algún tiempo, con la excepción de un breve paréntesis con el presidente Donald Trump.
Por ejemplo, se han registrado constantes rumores de que Arabia Saudí aceptará el yuan para sus exportaciones de petróleo a China (petroyuanes) y, a finales de 2022, el reino no escuchó las súplicas del presidente Joe Biden para incrementar la producción de petróleo, en lugar de eso optó por respaldar la decisión de la OPEP+, de recortar agresivamente la producción.
Además, a principios de este año, China sirvió como mediador en las conversaciones para restablecer los lazos diplomáticos entre Arabia Saudí e Irán.
Para los economistas de ING, la llegada de Arabia Saudí al club será cuando menos un nuevo impulso al debate sobre la desdolarización, es decir el proceso, algo añejo, de poner en entredicho el dominio del dólar estadounidense en el comercio mundial.
Como sabemos, la preponderancia del dólar otorga a Estados Unidos un enorme poder sobre el comercio mundial y los flujos financieros. La primera potencia mundial ha ejercido cada vez más ese poder, como se vio con las fuertes sanciones financieras a Rusia tras la guerra en Ucrania.
Acciones como la anterior han estimulado las pretensiones de los adversarios geopolíticos de Estados Unidos de contrarrestar la hegemonía del dólar, acusando a la administración de Joe Biden de usarlo como un "arma de guerra”.
En el debate se han cruzado amagos globales como el citado petroyuan, también la posibilidad de una moneda llamada “sur” entre Brasil y Argentina, e incluso la idea proveniente de Rusia respecto a una nueva moneda común para el bloque de los BRICS.
La admisión de Arabia Saudí en el grupo de los BRICS llevará inevitablemente el debate al uso de monedas distintas del dólar en el comercio global.
Actualmente los miembros de los BRICS representan alrededor del 20 por ciento de la producción mundial de petróleo. Con la incorporación de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos e Irán, el grupo representaría casi el 42 por ciento de la producción mundial de crudo.
No podemos olvidar que Arabia Saudí es el mayor exportador mundial de petróleo, en 2022 esta nación exportó 7.3 millones de barriles al día, equivalentes al 17 por ciento de las exportaciones mundiales de crudo.
Debido al viejo objetivo de los BRICS en el sentido de desdolarizarse, es casi un hecho que aumentarán las especulaciones sobre la posibilidad de que Arabia Saudí adopte cada vez más divisas no denominadas en dólares para el comercio de petróleo con sus socios.
Por ejemplo, podría empezar a aceptar el yuan chino y la rupia india para vender su crudo. Algunos rumores y especulaciones señalan que al parecer ya existen conversaciones entre Arabia Saudí y China al respecto.
Si bien no se avisora en el plazo inmediato un cambio radical en el contexto geopolítico y geoeconómico global, sí podría contribuir lentamente a la tendencia que se pretende se fortalezca año con año, es decir una mayor fragmentación en bloques y la disminución de la dominancia del
dólar en el mundo.
Es probable que no veamos las siguientes generaciones la debacle del dólar, pero posiblemente la historia consigne la integración de Arabia Saudí como un hecho determinante para lo que entonces sería una realidad.