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Ataque contra Ciro, atentado contra el periodismo y la sociedad mexicana

Ataque contra Ciro, atentado contra el periodismo y la sociedad mexicana

Columnas miércoles 21 de diciembre de 2022 -

Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM

El violento y artero ataque a tiros que enfrentó la noche del pasado jueves en la Ciudad de México el destacado periodista Ciro Gómez Leyva –quien por fortuna logró sobrevivir gracias a que conducía una camioneta blindada que soportó la metralla de los gatilleros que viajaban a bordo de una motocicleta–, no es sino resultado del permanente clima de confrontación y persistente asedio a los profesionales de la comunicación, por parte no sólo de los capos del crimen organizado en Michoacán –a quienes tempranamente se ha responsabilizado–, sino también del gobierno, quien hipotéticamente estaría obligado a proteger y preservar la integridad de quienes ejercen su tarea periodística.

Ese mismo día –pero sin poseer la notoriedad de Gómez Leyva, ni la ferocidad de sus probables victimarios–, en Palenque, Chiapas, tuvo lugar un hecho similar, cuando a bordo de su motocicleta, fue perseguido y lesionado Flavio Reyes de Dios –director de un sitio de noticias en internet–, por los tripulantes de un vehículo sin placas, que lo embistieron y lo echaron del camino.

Gómez Leyva –de no haber conducido un vehículo blindado, que le proporcionó la empresa para la cual presta sus servicios desde hace algunos años–, se hubiese convertido en una cifra estadística más, que pasaría a engrosar la ya larguísima lista de comunicadores asesinados en lo que va de la presente administración. Tan sólo este año han muerto 15 –el más reciente es el caso de Fredid Román Román, en Chilpancingo, Guerrero–, que de hecho convierte a nuestro país en el más mortífero del planeta para los periodistas, sólo por debajo de Ucrania, que enfrenta un cruento conflicto bélico con Rusia.

Jan-Albert Hootsen, representante de México del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) –una organización independiente sin fines de lucro, fundada en 1981, con sede en Nueva York–, aseguró que la actual administración, que encabeza el presidente Andrés López Obrador, podría pasar a la historia como la más letal para los periodistas mexicanos.

Muchos han responsabilizado de los ataques a los periodistas al propio presidente Andrés Manuel López Obrador, quien desde su tribuna en La Mañanera ha determinado que leer, ver o escuchar a determinados periodistas, que obviamente no forman parte de su séquito de incondicionales, puede generar daños a la salud.

Y ya hemos visto lo que ocurre cuando un periodista se atreve a cuestionarlo o incomodarlo. La respuesta ha sido una descomunal ofensiva digital en contra de quien se atreva a increparlo o a poner en duda sus otros datos, como un recordatorio de su sentencia, aquella frase de que “si ustedes se pasan, pues ya saben lo que sucede”.

Tal vez el presidente no le otorga la importancia que sus desafortunadas declaraciones implícitamente tienen –precisamente por provenir de la máxima figura del país–, pero sin duda con ellas ha generado un terrible clima de polarización. “Sigue usted sin entender que gobierna para todos los mexicanos; que ya no es candidato. Que cada persona que usted refiere como adversa al régimen o en lo individual la convierte en un señuelo; les está usted poniendo una diana a esas personas. Insisto, fanáticos a favor y en contra de usted sobran”, reseñó la periodista Verónica Malo Guzmán, en su texto Hoy fue Ciro, pero ha habido otros, publicado en el portal sdpnoticias.com.

Evidentemente –aunque tal vez no lo quiera admitir–, el único camino que con su actitud y acciones el presidente ha tratado de cimentar, es la censura, la cual representa la supresión de información o ideas que un gobernante considera inaceptables o perjudiciales. Y precisamente, hay que recordarle que la libertad de expresión es el derecho a expresar libremente los propios pensamientos, ideas y opiniones, sin interferencias ni temor a represalias. Estos dos conceptos están estrechamente relacionados, ya que la censura a menudo limita o restringe la libertad de expresión.

En el contexto del periodismo, la censura puede adoptar muchas formas, incluida la censura directa por parte del gobierno u otras autoridades, la autocensura por parte de periodistas que temen represalias por su trabajo, y la censura por parte de los propietarios de los medios o los anunciantes, que pueden tratar de suprimir determinados tipos de contenido.

Al inicio de este texto comenté que, luego del atentado contra Ciro Gómez Leyva, se había responsabilizado tempranamente de él a capos del crimen organizado michoacano, concretamente al narcotraficante Mario Alberto Romero Rodríguez, alias El Tucán, jefe de plaza de Los Caballeros Templarios en Parácuaro, Michoacán, quien el pasado lunes 12 de diciembre –acompañado del cantante regional Ezequiel Peña–, acudió a llevarle mañanitas a la Virgen de Guadalupe en una iglesia de ese municipio. De ello dio cuenta Gómez Leyva en su programa.

Sabemos que hablar de narcotraficantes en el periodismo puede ser especialmente arriesgado, ya que suele ser un tema muy delicado y controvertido. En algunos países, los periodistas que informan sobre narcotráfico pueden sufrir amenazas, intimidación o violencia por parte de los narcotraficantes o sus socios, y también, quienes denuncian actos de corrupción del gobierno, pueden enfrentarse a repercusiones legales por su trabajo, como acusaciones penales o demandas por difamación.

A pesar de estos riesgos, es importante que los periodistas puedan informar libremente y con responsabilidad, sobre el narcotráfico y otras cuestiones delicadas –como los yerros y desviaciones de quienes detentan el poder–, y hacerlo libremente y sin temor a represalias. Una información precisa y objetiva sobre estos temas puede contribuir a arrojar luz sobre la realidad del narcotráfico y su impacto en la sociedad, y también puede ayudar a que los implicados en malas acciones de gobierno, rindan cuentas de sus actos.

Afortunadamente muchos periodistas siguen trabajando incansablemente para proporcionar al público información precisa y objetiva. Y lo hacen corriendo un gran riesgo personal, y es importante reconocer y apoyar sus esfuerzos, como los de Ciro Gómez Leyva y centenares de auténticos periodistas mexicanos, quienes, como él, todos los días arriesgan su integridad para proporcionar información veraz y confiable sobre lo que realmente ocurre, más allá de los estilos personales de gobernar y de genuflexos periodistas y políticos cómplices, que comprometen e hipotecan irresponsablemente el presente y futuro de nuestro país. El reciente ataque no sólo fue contra Ciro Gómez Leyva, sino atenta contra el periodismo y la sociedad mexicana en su conjunto.

Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM

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/CR

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