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Bad Bunny y el medio tiempo del Super Bowl

Bad Bunny y el medio tiempo del Super Bowl

Columnas viernes 10 de octubre de 2025 -

En un anuncio que sacudió las redes sociales y los titulares mundiales, el NFL reveló que Bad Bunny, el ícono puertorriqueño del reggaetón encabezará el show de medio tiempo del Super Bowl LX en febrero de 2026, en el Levi's Stadium de Santa Clara, California. La decisión, impulsada por Jay-Z a través de su compañía Roc Nation, no solo celebra el dominio global del artista, sino que ha desatado una de las polémicas más intensas en la historia reciente del evento deportivo más visto del planeta. Críticos conservadores lo tildan de "ridículo" y "antiamericano", mientras que fans y aliados culturales lo ven como un triunfo de la diversidad y el orgullo latino. En el centro de la tormenta: un show que promete ser íntegramente en español, un lenguaje que, para algunos, representa una amenaza a la "identidad estadounidense". Pero detrás de los titulares furiosos, esta elección es un reflejo del ascenso meteórico de un muchacho de Vega Baja que, de trabajar en un supermercado, se convirtió en el rey indiscutible de la música global.

¿Quién es el encargado de escoger el show del medio tiempo?

Jay-Z, el magnate del hip-hop convertido en estratega de entretenimiento en vivo de la NFL desde 2019, no eligió a Bad Bunny por capricho. El acuerdo entre la liga y Roc Nation surgió como respuesta a las críticas por la falta de representación cultural en los shows de medio tiempo, tras controversias como la de Beyoncé en 2016 con su tributo al movimiento Black Lives Matter.

Jay-Z es un visionario empresarial, ha transformado el halftime en una plataforma para artistas que hablen a la cultura, priorizando impacto social y relevancia comercial. Bajo su tutela, hemos visto a Shakira y Jennifer López en 2020, The Weeknd en 2021, y Kendrick Lamar en 2025, quien rompió récords con un set cargado de mensajes raciales.

¿Por qué Bad Bunny ahora? Jay-Z lo explicó en un comunicado oficial: "Estamos honrados de tenerlo en el escenario más grande del mundo. Su amor por su tierra natal y su orgullo cultural me han inspirado". El puertorriqueño, con 31 años, no es solo un hitmaker; es un fenómeno de streaming que rompió barreras lingüísticas. En 2025, su álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS se ubica entre los cinco más vendidos globalmente, y su residencia de 31 fechas en el Coliseo de Puerto Rico –la más taquillera de la historia para un artista local– atrajo a celebridades como Jon Hamm y Austin Butler. Para el NFL, que busca expandirse a mercados latinos y globales, Bad Bunny es oro puro: el 24% de los oyentes de música en EE.UU. consumen en español, según Luminate, y su selección alinea con la misión de "Inspire Change" de la liga, que aborda justicia social y equidad.

El anuncio llegó justo después de que Bad Bunny concluyera su residencia en San Juan, en el aniversario del huracán María, un gesto simbólico de resiliencia puertorriqueña. Mientras entrenaba en el gimnasio, recibió la llamada de Jay-Z, como reveló en una entrevista con USA Today. "Esto va más allá de mí. Es para los que vinieron antes, que corrieron yardas para que yo pudiera anotar un touchdown", dijo el artista, quien ya había insinuado la noticia en X con un tuit sobre agregar "una fecha en EE.UU.".

El verdadero polvorín explotó con la promesa de un show íntegramente en español, un hito inédito en la historia del Super Bowl. Críticos de derecha, desde Donald Trump hasta la congresista Marjorie Taylor Greene, lo han calificado de "absolutamente ridículo" y "perverso". Trump, en una entrevista con Newsmax el 6 de octubre, confesó: "Nunca he oído de él. No sé por qué lo hacen. Es una locura". Greene, por su parte, exigió que el Congreso declare el inglés como idioma oficial de EE.UU., argumentando que el performance de Bad Bunny es "no deseado" en un evento "tan americano".

La ira se amplifica por el contexto político: Bad Bunny ha criticado abiertamente las redadas de ICE y las políticas antiinmigrantes de la era Trump, anunciando que su gira mundial 2025-2026 excluye EE.UU. continental por temor a deportaciones. Corey Lewandowski, asesor de Seguridad Nacional, amenazó con que "agentes de ICE estarán en todas partes" durante el Super Bowl, insinuando redadas en el estadio. Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, reforzó: "No hay santuario para los que están ilegalmente, ni siquiera en el Super Bowl". Incidentes como el de Bad Bunny quedándose sentado durante "God Bless America" en un juego de playoffs de Yankees-Blue Jays el 8 de octubre avivaron las llamas, con medios conservadores como The Daily Caller acusándolo de "escupir sobre América".

Pero la controversia trasciende lo político; es un choque cultural profundo. Como explica la académica Amílcar Antonio Barreto de Northeastern University, el enojo radica en la ignorancia de que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses por nacimiento, y en el rechazo a un artista que se niega a "cruzar" al inglés para complacer. Bad Bunny, fiel a su esencia, respondió con humor en su monólogo como anfitrión de Saturday Night Live el 4 de octubre: "Nuestras huellas y contribuciones en este país... nadie podrá borrarlas. Y si no entendieron lo que acabo de decir, tienen cuatro meses para aprender". Jennifer López, quien compartió escenario con él en 2020, defendió: "¿Pero por qué? Es un talento increíble". Para muchos, este backlash es racista: ignora que el reggaetón es el género de más rápido crecimiento en EE.UU., con ingresos de $1.400 millones anuales, y que artistas latinos como Gloria Estefan o J Balvin ya han pavimentado este camino.

La NFL, consciente del ruido, no ha retrocedido. Jay-Z ha enfrentado críticas similares antes –de Lil Wayne por elegir a Kendrick en 2025–, pero su visión es clara: el halftime no es para complacer a los "tíos de Facebook", sino para reflejar un EE.UU. multicultural.

En el corazón de esta polémica late la trayectoria de un chico humilde que desafió todas las reglas. Benito Antonio Martínez Ocasio creció en un hogar de clase media baja: su padre, camionero; su madre, profesora de inglés. Desde niño soñaba con la música, pero la realidad lo llevó a estudiar comunicaciones audiovisuales en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Para pagar las cuentas, empaquetaba compras en un supermercado Econo local, un trabajo que él mismo describe como "el inicio de todo: humildad y esfuerzo".

El apodo "Bad Bunny" surgió de una foto infantil: disfrazado de conejo para una obra escolar, con cara de fastidio. "Era un mal conejo", bromeó en una entrevista con ET en 2018

En 2013, mientras cargaba bolsas de supermercado, comenzó a subir freestyles a SoundCloud. Su primer hit viral, "Diles", lo firmó DJ Luian en 2016, lanzándolo al estrellato. Colaboraciones con Drake en "Mía" (2018) y Cardi B en "I Like It" lo catapultaron al Billboard Hot 100, pero Bad Bunny se negó a cantar en inglés: "Pienso en español, siento en español, como en español", declaró a Vanity Fair en 2023.

El boom llegó con álbumes como X 100pre (2018), YHLQMDLG (2020) y Un Verano Sin Ti (2022), el más reproducido en la historia de Spotify. De 2020 a 2022, fue el artista más escuchado globalmente en la plataforma –el primero no angloparlante en lograrlo–, superando a Taylor Swift y The Weeknd.

Sus giras son legendarias: World's Hottest Tour (2022) recaudó $314 millones en 43 shows, y Most Wanted Tour (2024) sumó $211 millones más. Con tres Grammys y embajadas como la de Calvin Klein en 2025 (que generó $8.4 millones en impacto mediático en 48 horas), su fortuna se estima en cientos de millones.

Bad Bunny no solo vende discos; redefine la cultura. Sus letras abordan amor propio, machismo y derechos LGBTQ+, y su estilo –uñas pintadas, faldas– rompe estereotipos de masculinidad latina. Políticamente, usa su voz para Puerto Rico: actuó gratis en Nueva York durante la pandemia y critica la deuda colonial de la isla.

Bad Bunny puede gustarte o no, pero me atrevo a decir que será el de más audiencia en la historia de la NFL, posiblemente con invitados como J Balvin o Rosalía. Esta no es solo una actuación; es una declaración. En un mundo donde el español es el segundo idioma más consumido en música, Bad Bunny no invade: conquista.

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