El caso de Juan Nicolás, un bebé de apenas dos meses, generó indignación en Estados Unidos luego de que fuera detenido junto a su familia en el centro de procesamiento migratorio de Dilley, en San Antonio, Texas, y posteriormente deportado a México. El menor, con problemas respiratorios, permaneció tres semanas en custodia de agentes federales, casi la mitad de su vida.
El congresista demócrata Joaquin Castro denunció que el niño fue arrestado junto a su madre, Mireya López Sánchez, migrante mexicana, y trasladado con su padre y su hermana de 16 meses al centro de detención. Durante su estancia, el bebé fue hospitalizado por bronquitis y, aún inconsciente, regresó bajo custodia al mismo centro. Al día siguiente, la madre compareció ante un juez de inmigración y recibió la orden de deportación sin detalles sobre la fecha, que se concretó el 17 de febrero.
Castro criticó que la familia fuera expulsada con apenas 190 dólares, dinero que tenían en su comisariato, calificando la decisión de “atroz”. El Departamento de Seguridad Nacional respondió en X que la madre rechazó la ayuda ofrecida por el gobierno, que incluía 2.600 dólares y un vuelo gratuito de regreso. Actualmente, la familia se encuentra en la frontera mexicana, sin recursos ni atención médica para el menor, según relató la madre en entrevista con Univisión.
El centro de detención de Dilley, cerrado durante el mandato de Joe Biden y reabierto por Donald Trump, alberga actualmente a unas 1.400 personas, incluidos 400 menores. De acuerdo con Deportation Data Project, entre enero y octubre de 2025 fueron detenidos en promedio 170 niños cada mes en Estados Unidos.