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Columnas
La palabra crea, transforma, establece, instituye. Desde el principio de los tiempos, la palabra nos distingue de los animales, mediante ella nos integramos y desarrollamos. Mediante la palabra nos acercamos al espírituque nos permite impulsar nuestra voluntad, nuestra inteligencia.
Mediante la palabra expresamos; lealtad, amistad, valor, respeto, pero igualmente maldad, traición, cobardía y hasta deslealtad.
Entonces la pregunta ¿Cuánto vale la palabra de Donald Trump expresada en una frase el pasado 1 de febrero, en torno a la imposición de aranceles a México y Canadá? ¿Cuánto?, sobre todo cuando unos días después cambio de opinión y dijo que estos impuestos se aplazarán su entrada 30 días.
La trascendencia de la palabra comprometida vale para la comunidad, la sociedad organizada y desenvuelve a merced de lo expresado, lo anunciado.
Con este acuerdo, en la suma de dos o más voluntades, con la conformidad,sencillamente se sientan las bases de la vida en común. No con la ley simplemente con la inteligencia y la voluntad se unen a otras palabras.
En ese sentido, en realidad tal y como citó Ortega y Gasset, el derecho no es más que una ortopedia, un remedio para componer lo que está roto; sí el ser humano actuara conforme a su palabra no habría necesidad de apéndices que nos mostraran qué hacer o qué no hacer, bastaría con hacerse cargo hasta sus últimas consecuencias del compromiso.
La palabra distingue al hombre de las bestias, de los animales. Entonces mr. Trump ¿Qué pasa? ¿Cómo debemos interpretarlo, o entenderlo? O simplemente creerle.
Y es que, la palabra sigue siendo un elemento fundamental en el mundo actual ya que es la principal herramienta que usamos para comunicarnos entre nosotros. En el mundo digital intercomunicado en el que vivimos, la palabra escrita o hablada se ha convertido como una forma vital de compartir información, ideas, emociones y pensamientos.
Pero con el actuar de Trump y sus mentiras, el valor de la palabra parece haber cambiado dando paso a las noticias falsas, la desinformación y discursos incluso de odio.
En verdad me resisto, no acepto, ni quiero aceptar el avance de la mentira o el engaño, bajo ningún criterio.
En verdad creo que la palabra tiene un valor fundamental, acepto incluso que dependiendo del contexto en el que se use, puede variar, pero nunca devaluarse.
En un mundo donde el comercio internacional parece dominar, la palabra tiene implicaciones legales entre las partes. En la política la palabra puede ser una promesa hecha por un candidato.
La palabra vale, no hay más.
Quien miente, engaña o falta a lo comprometido se devalúa y genera un caos, el terreno exacto en donde nos quiere llevar el presidente estadounidense ¿Qué nos queda como sociedad?
@ncar7