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Columnas
Algunos grupos de mexicanos todavía continúan creyendo en mentirosos, pero no sólo eso, sus declaraciones las envían a través de sus modestos medios caseros, como labor de hormiga, tratando de hacer proselitismo, pero sobre todo de convertir en verdad las consideraciones de estos comentaristas, para que se conviertan en verdad por arte de magia.
Así, se nombran como si se tratara de sacerdotes que divulgan la palabra divina de alguien que le paga por el trabajito, pero que no se atreven a decir su nombre, para irrumpir a través del celular decenas de activistas de derecha disfrazados de analistas. Desde Dóriga hasta Anabel, pasando por Alazraki y Ciro, sin olvidar a Ferriz y Pepe Cárdenas, y su séquito de robots que alaban a sus jefes frente al público como si esa fuera la tarea por la que reciben su sueldo.
Los Mecenas a la vista, más los que se creen invisibles, están ubicados como promotores de mentiras que utilizan como marionetas a los pericos, que difunden mentiras, el chayote no paga impuestos. Así, Claudio X. González, Norma Piña, Felipe Calderón, notables proveedores siguen repartiendo los “chayotes” a los escribanos. Es evidente el trabajo de todos ellos, y muy conocido el origen el dinero y los objetivos.
El público de esta fauna tiene su razón de existir, en el fondo saben que sólo retransmiten mentiras, pero es lo único que les queda por hacer en la política, acostumbrados a la pasividad del abstencionismo y el confort de evitar cambios desde el sofá de su casa. Ahora creen impedir transformaciones desde el celular.
En creer a los medios convencionales se les fue la vida, ahora deben seguir por tradición en el sector ingenuo de la sociedad, se conviertan en soldados goebbelianos, difundiendo mentiras con la esperanza de que algún día se conviertan en verdad. Si en el nazismo de la Segunda Guerra hubiera habido redes sociales millones de húngaros, rumanos, gitanos, comunistas y judíos no hubieran muerto.
La propaganda de Joseph Goebbels convenció a alemanes, italianos, polacos, españoles, entre otros, de que su realidad era la que sus películas, declaraciones, discursos, y edictos narraban para convencer de las razones del exterminio a través de la manipulación.
Ahora, igual que antes los intereses los obnubilan, el odio los ciega, la ignorancia los confunde, no se han dado cuenta que están en ese mismo lado de la historia, engañando a la población. Para ellos la monarquía española es vigente sólo porque así lo creen, al sentirse descendientes de una nobleza que debió morir en las mazmorras de la Edad Media.
La ideología de los conservadores oscila entre el fascismo y el nazismo, la nostalgia como hilo conductor de su historia, cualquier leyenda es buena si exalta las diferencias entre similares y la discriminación entre hermanos.