El pasado domingo, desde muy temprano, en el Congreso de la Ciudad de México todo estaba calibrado como relojito. Afuera, el equipo de la Secretaría de Gobierno cuidó cada detalle del acceso, los filtros, la seguridad y hasta la temperatura del ambiente; todo con la participación y apoyo de las áreas del gobierno capitalino. Adentro, la coordinadora Xóchitl Bravo se encargó de que todo fluyera sin un solo tropiezo. Nada fue casual. Ni los invitados especiales que le daban a la jefa de Gobierno un aire de respaldo nacional.
Clara Brugada no improvisó. Llegó con un discurso tejido fino, con el tono de quien sabe que no solo está informando: está mandando un mensaje político. Su informe fue, más que un acto de gobierno, una definición de rumbo o como dirían en Iztapalapa, de ruta. En cada palabra se notaba la intención de consolidar autoridad y mostrar resultados.
La jefa de Gobierno habló de finanzas sólidas, de inversión histórica y de una ciudad que crece con orden y justicia. Pero más allá de las cifras, el corazón del discurso estuvo en su sello personal: el feminismo popular, los cuidados, los pueblos originarios, la seguridad con enfoque social. Compromiso y convicción.
No podía faltar el Obradorismo. Clara sabe de dónde viene y lo repite con orgullo: su gobierno es heredero directo de la lucha social que forjó la 4T en esta ciudad. En eso hay congruencia. Brugada no finge tecnocracia, habla de comunidad, de justicia y de esperanza; palabras grandes que, en su voz, no suenan vacías porque llevan décadas de historia.
Presentó las cinco iniciativas que enviará al Congreso: sobre cuidados, género, despojo, agravantes por violencia y sanciones a amenazas. Coordenadas que orientarán el trabajo legislativo de los próximos meses. No fue al Congreso solo a rendir cuentas, también a poner agenda. Las diputadas y diputados están listos para respaldar a la jefa de Gobierno.
Algunos dijeron que faltaron porcentajes, que sobró retórica; para eso está disponible el informe completo en la página del Congreso, olvidan que la política también es relato, y el relato importa. Lo que se vivió en Donceles fue una escena de poder bien construida, una jefa que se planta firme y habla con convicción. Desde el punto de vista de la comunicación política, fue impecable.
La logística fue casi quirúrgica. El dispositivo exterior —a cargo de la Secretaría de Gobierno— mantuvo el orden sin rigidez, y el ambiente político dentro del recinto fue contenido con elegancia por el equipo de Xóchitl Bravo. La coordinadora no solo organizó la sesión, administró los tiempos, contuvo a las bancadas y permitió que el mensaje fluyera sin sobresaltos. En términos de operación legislativa, fue una coreografía silenciosa pero decisiva. Valieron la pena los días previos de arduo trabajo.
Brugada también habló de avances en seguridad y economía, de coordinación con la federación, de presencia policial en territorios críticos y de una política de prevención con rostro humano. El informe fue largo, pero ligero. Mantuvo un tono sereno, sin estridencias, y un hilo emocional que conectó con su público, adentro y afuera, se ganó aplausos sinceros.
Al final, dejó una sensación clara, está consolidando su liderazgo y marcando territorio. El mensaje fue simple y eficaz: la 4T en la Ciudad sigue viva, con rostro de mujer y pies de barrio.
ENTRE GITANOS
LOS PANTALONES DE LA PRESIDENTA
¿Recuerdan mi columna sobre aquel clip en el dobladillo de los pantalones de Claudia Sheinbaum? Algunos se burlaron, pero aquel gesto hablaba de su estilo: práctico, sin pretensiones, resolutivo. Hoy, ya como presidenta, demostró que no solo trae los pantalones bien puestos, sino la templanza y la cercanía que distinguen al liderazgo verdadero. Ahí estuvo, bajo la lluvia, en Veracruz, caminando entre damnificados, escuchando reclamos, enfrentando el enojo sin perder la calma. Impuso presencia, sí, pero sobre todo humanidad. Así se gobierna: sin miedo a mojarse.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com