El acceso a la vivienda en México es estrecho y preocupa. Aunque las tasas de interés han comenzado a ceder, el alivio aún no se refleja con fuerza en los créditos hipotecarios —que siguen rondando entre 9% y 11%—. A esto se suma el encarecimiento de los inmuebles y una realidad innegable: a la clase media ya no le alcanzan los ingresos, en medio de la incertidumbre laboral.
El resultado es claro: cada vez menos personas pueden comprar una propiedad completa. Pero, como suele ocurrir en momentos de presión, el mercado empieza a generar alternativas. Y una de ellas está ganando terreno con rapidez: la copropiedad inmobiliaria o modelo “fractional”.
Comprar menos para ganar más
A diferencia del tiempo compartido, el fractional implica ser propietario de una fracción del inmueble, con escritura y derechos plenos sobre esa parte. No se trata de “usar” la propiedad por periodos, sino poseer un porcentaje para disfrutar, rentar, heredar o vender.
Se abre una puerta interesante, sobre todo en propiedades de alto valor —turísticas o de descanso— donde el acceso individual es prácticamente imposible. Hoy, proyectos en destinos como Mérida apuestan por este esquema.
La propuesta es que en un entorno donde comprar completo es cada vez más difícil, comprar en partes permite democratizar el acceso a activos inmobiliarios. Además, impulsa una inversión en portafolios diversificados que dan rendimientos constantes.
Inversión flexible para nuevos tiempos
El modelo fractional responde a una limitación económica y a un cambio generacional. Los jóvenes privilegian flexibilidad, liquidez y rentabilidad sobre la propiedad tradicional rígida.
Tener un activo que “trabaje solo” —a través de rentas— se vuelve especialmente valioso en un contexto de incertidumbre económica. La copropiedad puede ofrecer seguridad jurídica, rendimientos atractivos y menor barrera de entrada.
El reto está en la regulación y la transparencia. Para consolidarse, el esquema debe garantizar claridad en contratos, administración profesional de los activos y mecanismos ágiles para la venta de participaciones.
Vivienda del Bienestar: Avanza el diálogo y cooperación hacia la ejecución
En paralelo, el gobierno federal ha abierto espacios de diálogo con la iniciativa privada en el programa “Vivienda para el Bienestar”. La señal es positiva: se van diluyendo las diferencias y se reconoce la necesidad de trabajar en conjunto.
Pero el avance aún es insuficiente para la industria en general. Los empresarios siguen esperando respuestas concretas a problemas que llevan años frenando la producción: tramitología excesiva, tiempos inciertos y obstáculos municipales que encarecen y retrasan los proyectos.
El reto es claro: el gobierno federal debe asumir un papel más activo como articulador. Se requiere que establezca reglas homogéneas que obliguen a los municipios a agilizar procesos.
El mandato pendiente
Hoy, muchos desarrolladores enfrentan solos la negociación con autoridades locales. Esa fragmentación es uno de los principales frenos para cumplir las metas de vivienda, tanto del programa social como del mercado en general.
La solución es crear un “código nacional” de gestión urbana: lineamientos claros, tiempos definidos y procesos digitalizados que reduzcan la discrecionalidad. Un mandato que trascienda partidos y administraciones municipales.
Si se logra esta coordinación, el impacto sería doble: facilitar la producción de vivienda y mejorar el entorno para nuevas formas de inversión como el modelo fractional.
Dos caminos, una misma meta
México necesita ampliar el acceso a la vivienda desde distintos frentes. Por un lado, innovar en esquemas de inversión que permitan a más personas participar en el mercado. Por otro, destrabar los procesos que hoy limitan la oferta.
La coordinación efectiva entre gobierno e IP es fundamental. La clave es pasar del diagnóstico a la ejecución.
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