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Controversia en la cumbre

Controversia en la cumbre

Columnas miércoles 08 de diciembre de 2021 -

Mucha polémica ha provocado la llamada Cumbre de las Democracias, convocada por el presidente Biden y la cual habrá de celebrarse los próximos días 9 y 10 de diciembre de forma digital. Polémica porque es muy dudosa la autoridad moral de la Casa Blanca para llamar a un evento global sobre democracia después del bochornoso espectáculo presenciado en el edificio del Capitolio el pasado 6 de enero, porque en Estados Unidos se siguen aprobando disposiciones legales para obstaculizar el voto de las minorías, porque se mantiene una tolerancia excesiva al papel del dinero en el proceso político y por la notable radicalización de los republicanos en sus actitudes antidemocráticas, con el ex presidente Trump a la cabeza. Como en casi todo el mundo, en Estados Unidos la democracia está cada vez más asediada y cuestionada. Los hombres fuertes pululan por doquier y la competencia ideológica global planteada por regímenes autoritarios e iliberales como China y Rusia se intensifica constantemente.

La agenda de la cumbre incluye la defensa contra el autoritarismo, luchar contra la corrupción y promover los derechos humanos. Esto es loable pero muy abstracto. Los objetivos concretos no están claros y lo mismo sucede con el futuro de la cumbre a largo plazo. Más controvertible es la lista de invitados elaborada por la Casa Blanca, para muchos en sí misma una decisión antidemocrática.

Los criterios de selección estuvieron contaminados por los intereses estratégicos estadounidenses. Se integró a 110 países más la Unión Europea, incluyendo naciones de cuestionable catadura democrática como Angola, Kenia, Pakistán, República Democrática del Congo, Irak y Zambia. Entre los excluidos se encuentra Hungría, aunque Polonia si fue invitada. Menos sorprendente ha sido la exclusión de China, Rusia, Turquía, Cuba, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí, Marruecos, Nicaragua y Venezuela. Freedom House califica como “completamente libres” solo a 83 de los países participantes.

La cumbre por sí misma no revertirá la tendencia al debilitamiento democrático, y no solo porque ninguno de los invitados está libre de pecado, sino también porque no bastará dar a conocer un listado de buenas intenciones para frenar el auge del populismo y del autoritarismo. Pero quedarse con los brazos cruzados no es una opción. Cierto, Estados Unidos tiene muchas tareas pendientes a resolver en materia de democracia interna, pero además de luchar por rescatar sus propias instituciones puede y debe apoyar el crecimiento de la libertad en el extranjero. La Cumbre por la Democracia puede ser una parte clave de ese esfuerzo siempre y cuando a ella concurra un genuino sentido de realismo y la voluntad de aplicar ambiciosas y amplias acciones concretas.

Las voces y los actos en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos son hoy más necesarios que nunca.


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