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Cuellos de botella

Cuellos de botella

Columnas martes 19 de mayo de 2020 - 00:46

Pareciera de sentido común aconsejar que los gobiernos no pretendan resolver la crisis echando cantidades indiscriminadas de dinero a donde sea, esperando una especie de paliativo general y por ende negación de los efectos de la crisis, pero muchos lo están haciendo así. Países ricos (como Canadá) y también pobres (como El Salvador). Esto puede generar una crisis de deuda sin reactivación económica, y sentar un pésimo precedente de rescates, también indiscriminados, a agentes económicos inviables. Creo que lo que hay en el fondo de eso es una lógica de supervivencia política, que en las democracias siempre es de corto plazo, sobre la sustentabilidad de la economía a largo plazo. Charles Wyplosz, economista francés y director del Centro Internacional de Estudios Financieros y Bancarios de Suiza, ha subrayado la necesidad de enfocarse en los cuellos de botella del proceso productivo, de la economía real de los países, en lugar de ponerse a repartir dinero a quien lo pida, sin haber demostrado la afectación y que, al final, alguien terminará pagando, porque en el mundo no hay botanas gratis.

Puede parecer insensible, pero lo cierto es que algunos giros y empresas no han sido perjudicados por la pandemia en una magnitud que requiera socializar sus pérdidas, e incluso hay otros que han aumentado sus utilidades y participación en el mercado. El ejemplo más a la mano es Amazon, pero aplica para toda la industria que aumenta su participación mientras más se restringe la interacción social, como el transporte de carga y los servicios digitales. Parte de las medidas de emergencia en diversos países consisten en la consigna de garantizar liquidez a los bancos para que a su vez garanticen créditos a quien lo pida, sin hacer un análisis del perfil crediticio del deudor. Esto conllevará a deudores que no puedan pagar pero también a otros que simplemente aprovecharon la circunstancia para hacerse de apoyos baratos sin necesitarlos. La urgencia autoriza cualquier cosa.
Otro aspecto que toca Wyplosz, muy interesante para México es el riesgo moral que implica para los políticos pedir prestado. El presidente AMLO se rehúsa a usar la línea de crédito del FMI porque no quiere pasar a la historia como el que endeudó al país. Esto puede dificultar la recuperación económica, pero lo cierto es que la deuda de México ya aumentó considerablemente por la sola depreciación del peso frente al dólar. El gran problema de fondo, que hace inviables en México las medidas de los países desarrollados, es el espacio fiscal. La recaudación en nuestro país es pobre incluso comparada con el promedio de los países sudamericanos, proporcionalmente al PIB. Esto hace que los apoyos presentes no puedan ser mayores, porque no hay dinero, y también que endeudarse más no sea muy racional, pues tampoco habrá dinero después para pagar la nueva deuda. Pero la indignación por ponerle IVA a Netflix fue generalizada. Mientras todos veamos los impuestos como la injusticia estatal por excelencia, no hay mucho que hacer.

Autor y consultor especialista en políticas públicas. Abogado de la Escuela Libre de Derecho y catedrático universitario.


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/CR

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