Alfonso Romo es un viejo lobo de mar, hoy sin duda enfrenta uno de los momentos más críticos de su ya larga carrera empresarial. Quién lo diría, no por un problema económico, sino por otro muy diferente.
Además de conocerlo vía los medios de comunicación por su actividad empresarial desde muchos años atrás, a principios de este siglo trabajé con su gente y tuvimos varias reuniones con él, cuando el dueño del medio de comunicación donde yo laboraba, Rogelio Cárdenas Sarmiento, se asoció con Romo, quien desde muchos años antes buscaba adquirir algún medio de prestigio que le permitiera ingresar a la industria; eran los tiempos en los que se iniciaban cambios profundos que marcarían un antes y un después, aunque muchos ni cuenta se han dado a estas alturas del partido.
También el año pasado tuve el gusto de convivir con Romo cuando fuí invitado junto con un grupo de periodistas a la sede de su emporio financiero en Monterrey, a propósito de los 50 años de Vector Casa de Bolsa, empresa que naciera en 1974 y fuera adquirida tan solo 4 años después por el entonces joven empresario regiomontano.
La combinación Romo-Cárdenas Sarmiento era interesante, al olfato empresarial de uno se le sumaba el profundo conocimiento del medio editorial y prestigio del otro.
Romo suele delegar bastante, es un empresario que pide resultados, me di cuenta de su perfil desde un inicio, el trabajo arduo con su gente fue la constante. Pero de vez en cuando nos llamaba a cuentas a todos. La decencia y educación de Rogelio Cárdenas Sarmiento contrastaba un poco, porque además para entonces empezaban los primeros síntomas de la enfermedad que a la postre acabaría con su vida.
La sociedad entre ambos duró relativamente poco, porque dentro de la empresa editorial en la que yo trabajaba había gente que se dedicó un día sí y otro también a bloquear todo intento de los ejecutivos designados por Romo para sacar adelante los proyectos; la enfermedad de Cárdenas Sarmiento avanzó y a su fallecimiento, un 25 de julio de 2003, el que decía ser "su mejor amigo" se creyó heredero de la empresa y "secuestró" a la viuda y a los hijos minando todo esfuerzo de ellos para sacar adelante a la ya entonces muy emproblemada compañía, hasta que consiguió lo que quería, años después, llevarla a la quiebra total y forzar su venta, pero no a Romo, quien para entonces ya había vendido su participación.
La decencia de Rogelio Cárdenas Sarmiento era absoluta, lamentablemente de la gente decente suelen aprovecharse, no creo que haya sido el caso de Romo, quien además no tenía necesidad de ello, pero sí los "amigos" de Rogelio Cárdenas Sarmiento son otra historia que quizás algún día contaré.
Romo tomó otro camino, su asociación con alguien tan decente como Cárdenas Sarmiento era para mí un buen antecedente sobre su calidad moral, porque repito que fuí testigo del sabotaje que el "amigo" del finado implementó para sacar a Romo y a su gente de la empresa editorial, tan pronto falleció Rogelio.
Años más tarde entendí un poco más y reconocí el olfato y la visión de Alfonso Romo, aunque nunca la compartí por diferencias ideológicas que para mi son irreconciliables, no tanto con Alfonso Romo. El empresario se acercó y empezó a trabajar codo a codo con el autodenominado, claro por él y por su corte de lamesuelas, "el mejor presidente en la historia del país", y casi casi el mejor presidente en la historia de la galaxia.
Las cosas le salieron bien a Romo, la llegada al poder del mesías tropical pareció un clímax de su trayectoria, sobre todo porque además inició ese nefasto sexenio como jefe de la oficina de la presidencia y enlace del gobierno naciente con el sector empresarial, un "puestazo", que para muchos le abría casi todas las puertas. Cuan equivocados estaban porque nunca entendieron lo que de verdad quería "el iluminado".
Yo desde luego critiqué y crítico esa "unión" que para mi era totalmente antinatural, advertí en su momento que iban a suceder solamente dos cosas:
1) Un enfrentamiento y ruptura con escándalo de por medio, dada la ya para entonces manifiesta soberbia de "su majestad imperial". O bien.
2) Una cohabitación pasajera que terminaría tan pronto ambos, o uno de ellos, cumpliera sus objetivos. Aposté a que Romo no terminaría el sexenio acompañando a ese gobierno de soberbios y nefastos.
Sucedió el segundo escenario, más o menos. No quiero parecer soberbio, pero era evidente, quizás no terminaron mal, sin embargo la naturaleza nunca se equivoca, esa relación incluso duró más allá de lo esperado y no me extrañaría que fuera gracias al empresario, del político es mejor no hablar.
Pero su cercanía de esos años con el mesías tiene a Alfonso Romo como protagonista de un escándalo mediático porque claro, los rumores y sospechas de diversos actores contra quien gobernó el sexenio pasado este país, algunos ganados a pulso, desde sus enemigos hasta otros que no lo son tanto, en torno a nexos del personaje o gente de su administración con el crimen organizado, especialmente con los cárteles del narcotráfico, crecen más con las acusaciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos contra la casa de bolsa propiedad de Alfonso Romo, Vector Casa de Bolsa.
Personalmente creo que los medios de comunicación, varios, se han excedido en llamar prácticamente "lavador de dinero del régimen anterior" a Alfonso Romo, yo no meto las manos al fuego por él ni por nadie, pero en efecto, hasta ahora no hay pruebas, no dudo que algún mafioso se haya colado en las operaciones de su casa de bolsa, como seguramente lo han hecho en muchas otras instituciones, si eso fuera entonces no deberían existir los bancos en México, pero de ahí a un entramado de lavado de dinero me cuesta trabajo creerlo incluso habiendo realizado operaciones con el impresentable de Genaro García Luna.
Y claro, vende mucho más un encabezado con Romo, por el papel que desempeñó el sexenio pasado junto al que cada mañana sembraba el encono nacional, y hasta la fecha, que un encabezado con los dueños de CI Banco e Intercam, a quienes nadie ha molestado ni con el pétalo de un encabezado.
Lo que hoy paga Alfonso Romo es una factura muy cara, y en parte se la debe al mesías tabasqueño, pero son los costos de la visión y estrategia empresarial que en su momento fue reconocida por propios y extraños. Seguramente el mismo Romo dirá que todo lo hizo por México, es uno de los trabajos que tienen que hacer los empresarios honestos, trabajar por el país de la mano de los políticos, no importa cuán nefastos sean estos, si no habría que preguntarle a Carlos Slim Helú.
No sabemos qué es lo que hará Romo para resolver más allá de su situación personal y los cientos de rumores y acusaciones, la situación de su empresa, supongo que no quiere tirar a la basura una historia de cinco décadas, seguramente no está cruzado de brazos.
En todo caso, Romo tiene todo un ejército de especialistas y consejeros en estos temas de "crisis reputacional y mediática", ellos le dirán mucho mejor qué es lo que deberá hacer, amén de los esfuerzos que su empresa tendrá que realizar para salvar las restricciones de la autoridad estadounidense y lograr que le retiren la intervención "temporal", recuperar su operación normal y limpiar con los años su nombre.
Sin embargo, quien esto escribe, desde su humilde trinchera, quisiera recordarle una de las dos reuniones en las que estuvo presente junto con otras personas en aquellos años, cuando tuvo de frente a Rogelio Cárdenas Sarmiento y a su lado al mismo Romo.
"La decencia personal mi querido Poncho no se pone en tela de juicio, es lo único que tenemos como empresarios, y como personas", palabras más, palabras menos le dijo cuando se preguntaban cómo explicarían su asociación dos personajes tan diferentes, de sectores aparentemente sin relación alguna.
Cárdenas Sarmiento seguramente en ese momento consideró que se asociaba con un empresario decente, que era lo que más valoraba. Los años pasaron, hoy esas "simples" palabras pueden ser clave allá en la sultana del norte.