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Cultura de paz y combate a la violencia

Cultura de paz y combate a la violencia

Columnas lunes 16 de marzo de 2020 - 01:03

La sociedad mexicana se debate actualmente entre diversas posturas. ¿Se debe combatir la violencia estructural en general, o es válido un movimiento específico en contra de la violencia contra las mujeres? ¿La lucha contra la violencia de género, puede valerse de medios no pacíficos, como la realización de pintas en monumentos históricos, para llamar la atención hacia sus objetivos? ¿Luchar contra la violencia, o en contra de la violencia de género, es estar en contra del gobierno?
Desde mi punto de vista, estas son discusiones estériles. La lucha contra la violencia implica combatir un problema estructural. El combate a la violencia de género implica combatir un doble problema estructural: el de la violencia generalizada en la sociedad, y el de la discriminación y violencia contra la mujer. No son luchas incompatibles. Por el contrario. Es claro que estos movimientos resultarían ser más exitosos (es decir, alcanzar, aunque sea parcialmente sus fines) si logran confluir con otros movimientos que tengan intereses similares o compatibles.
Si un sector de la sociedad plantea acabar con la violencia, y otro sector plantea combatir frontalmente la violencia de género, sus fines no se excluyen entre sí, sino que se complementan.
No todos debemos abrazar las mismas causas sociales. Cada quien, desde su visión, perspectiva e intereses, puede sumarse a una gran confluencia de movimientos sociales que logren una verdadera transformación del estado de cosas (statu quo).
Por otro lado, es importante recordar que existen métodos no-violentos para cambiar el estado de cosas en la sociedad.
Gracias a Mohandas K. Gandhi, (quien por cierto no se llamaba “Mahatma”. Este fue un apelativo que le impuso el poeta Rabindranath Tagore, y que significa “Alma Grande”), el movimiento pacifista para lograr la independencia de la India demostró con hechos, que si existe la posibilidad de una revolución pacífica que pueda alcanzar el éxito en sus objetivos.
No es necesario recordar al Pípila quemando la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, ni invocar fuera de contexto estrofas del himno nacional. No existe una manera única de protestar o enfatizar la gravedad del problema. Pero si es cierto que existen formas no-violentas de hacerlo. El método a seguir es una elección de cada movimiento, y deseablemente debe tomarse esa decisión en función del éxito que se pretenda alcanzar. (Por ejemplo, lograr el mayor respaldo social a la causa.)
Por último, la lucha por el cambio social no es una lucha contra el gobierno, sino contra nuestros malos hábitos como la mentira, el individualismo y la corrupción. Estos son agentes de descomposición social creciente.

Gobierno y sociedad debemos avanzar en la misma dirección en esta lucha contra la violencia estructural. De otra manera, será mucho más difícil.
Flor de Loto: “Es hora de jalar todos juntos”.

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/CR

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