En septiembre pasado se realizó en el INE evento de conclusiones y clausura de la Cumbre Global de la Democracia Electoral. Fue el cierre de un esfuerzo verdaderamente planetario iniciado en junio, en el que en 5 regiones se reunieron científicos y científicas de la materia con administradores y administradores electorales, en funciones y en retiro, para reflexionar sobre el estado del arte.
Una de las conferencias estelares fue la de Dieter Nohlen, uno de los expertos electorales más connotados del mundo. La intituló “Las normas y las instituciones electorales”, en la que compartió relevantes reflexiones sobre ambos temas pero en el marco del actual desencanto con la democracia.
Respecto al concepto de democracia, distinguió entre uno restringido al orden institucional, y otro amplio que incluye, junto a los requisitos institucionales de una democracia, los resultados de políticas públicas económicas y sociales que sus gobiernos consiguen alcanzar.
Reconoció que la apreciación de la democracia por los ciudadanos es muy dependiente de lo que se espera de ella comparado con su real desempeño.
Advirtió que, dado que en América Latina se profesa más bien el concepto amplio, el desencanto con la democracia se extiende a su dimensión restringida al no cumplirse las expectativas socioeconómicas y que esta relación de apreciación recíproca entre instituciones políticas y desempeños gubernamentales está comprobada por datos demoscópicos.
Dijo también que el marco conceptual de la Cumbre era el concepto de democracia reducida a lo electoral, la que esta “en permanente déficit si no está acompañada por acciones concurrentes que tiendan a mejorar y enriquecer a la gobernabilidad democrática”. Sin embargo, expresó, en la actualidad, es precisamente esa la que hay que defender.
Reflexionó que en la necesaria interacción entre normas e instituciones electorales surge el concepto de integridad electoral, del que he escrito en diversas ocasiones en estas mismas páginas.
Nohlen afirmó que este concepto es normativo, genérico y reductible a dos dimensiones: la primera se refiere a integrar todos los elementos del proceso electoral en su valoración, y la segunda al comportamiento de todos los incorporados en el proceso electoral (instituciones, partidos, individuos, etc.) para que éste sea íntegro, cumpliendo así con los criterios fundamentales de la democracia.
Y aclaró que, en términos generales, se puede decir que en los últimos decenios, América Latina ha evolucionado en cuanto a las normas de nivel alto hacia la comprensión del proceso electoral según criterios de integridad electoral y que, al mismo tiempo, se han extendido las normas en cuanto a regulaciones administrativas y judiciales en casi todas las etapas del proceso electoral para garantizar elecciones libres y honestas.
Sin embargo, se dolió de que la realidad electoral dista bastante de los avances normativos y que incluso hay retrocesos y enormes desafíos. Sobre eso le contaré el martes.
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