La publicación de Laudato Si’ bajo el pontificado del Papa Francisco marcó un punto de inflexión en la reflexión contemporánea sobre la crisis ambiental. No se trató únicamente de una encíclica dirigida al mundo católico, sino de un gesto filosófico y ético de alcance universal: la afirmación de que la Tierra es una “casa común” cuya devastación compromete no solo el equilibrio de los ecosistemas, sino la dignidad misma de la vida humana. En diálogo explícito con la ciencia climática, el texto colocó el deterioro ambiental en el centro de una crítica al paradigma tecnocrático y al modelo económico extractivista que ha reducido la naturaleza a mera reserva de recursos.
Esta mirada converge de forma notable con la propuesta ecosófica de Félix Guattari, para quien la crisis ecológica no puede comprenderse de manera aislada, sino como una fractura simultánea en tres registros inseparables: el ambiental, el social y el mental. La devastación de los ecosistemas va de la mano de la descomposición de los lazos comunitarios y de una subjetividad colonizada por el consumo, la aceleración y la indiferencia.
En la misma línea, Leonardo Boff ha insistido en que el cuidado de la Tierra no es una opción moral secundaria, sino el fundamento ético de cualquier proyecto de futuro. Cuidar implica reconocer la interdependencia radical entre todos los seres, asumir los límites del planeta y abandonar la ilusión moderna de dominación absoluta sobre la naturaleza. La ecosofía, tanto en Boff como en Guattari, apunta así a una transformación profunda de los valores, las instituciones y las formas de vida.
Desde esta perspectiva, la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París, impulsada por Donald Trump, adquiere una gravedad que va más allá de sus efectos inmediatos en la reducción, ya de por sí insuficiente, de emisiones de gases de efecto invernadero. Que el país históricamente responsable de una porción sustantiva de las emisiones globales renuncie a un compromiso multilateral mínimo constituye un golpe simbólico de enorme alcance. Es, en términos ecosóficos, una negación explícita de la responsabilidad compartida.
El desaliento que provoca esta decisión no reside solo en el probable retroceso de políticas climáticas concretas, sino en el mensaje que transmite: la idea de que el cuidado del planeta puede subordinarse sin consecuencias a intereses económicos inmediatos o a cálculos políticos de corto plazo. Frente al llamado de Laudato Si’, que articula ética, ciencia y espiritualidad en una misma exigencia de cuidado, la retirada del Acuerdo de París aparece como un gesto de ceguera histórica.
Lo que está en juego no es únicamente la estabilidad climática, sino el sentido mismo de nuestra convivencia en la Tierra. Dar la espalda al medio ambiente es dar la espalda a la posibilidad de una civilización que reconozca sus límites, su fragilidad y su responsabilidad con las generaciones futuras. De esta forma, la oposición entre Laudato Si’ y la retirada de Estados Unidos que revela una decisión de fondo ante una encrucijada civilizatoria propia de nuestro tiempo.
Investigador del PUED-UNAM