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Columnas
Las musas, hijas de Apolo y Mnemosiné (Memoria), fueron procreadas para perpetuar los hechos humanos. De tan noble linaje es Clío (Historia) narrando en prosa el acontecer de personas y sociedades, con la finalidad de aportar un conocimiento que sirva a las generaciones siguientes, preservando así un tesoro que solamente los años pueden acumular como lingotes de oro en los más brillantes estantes de nuestra mente. Los sujetos y las sociedades que se privan de tan grandioso bien condenan su propia sobrevivencia.
Desde su independencia, México ha atravesado momentos terribles en su historia. Los fracasos del siglo diecinueve no solamente son el derivado de las ambiciones extranjeras por robarse nuestros recursos, como sucedió, sino también el producto de nuestras miserias que como sociedad parece que no las podemos quitar cual garrapatas abrazadas a nuestros párpados. De semejantes desgracias, la mezquindad con la que ciertos personajes obran es pasmosas. Mezquino es jugar con la esperanza de un pueblo lastimado que, sin embargo y a pesar de una narrativa elaborada para encumbrar un proyecto político ya desgastado, no se reconoce con sus discursos mediocres de comunidad provinciana, que si bien sirvieron al viejo sistema priista por décadas, hoy no son reconocidos por ciudadanos que nacimos en libertad, con instituciones que no dejamos ni dejaremos de respetar, con un apego y aspiración a la mejora de nuestras condiciones vitales, que no pueden satisfacerse mediante demagogia cuando ante los ojos corroboramos la corrupción del régimen, causante del desplome del sistema sanitario, del poder del crimen organizado galopante, de la baja en la matrícula escolar y en el acoso asfixiante de la autoridad a nuestras leyes.
Todos somos testigos de que las cosas no van bien: todos perdimos algún familiar durante la pandemia, en medio de una crisis de abasto, pero también cuando los ataques al sistema sanitario ya habían causado destrozos desde el propio ejecutivo. Todos sufrimos la incontrolable inflación que hizo que un kilo de cebollas costara ochenta pesos, cuando hacía meses costaba veintitantos (…) y así podemos seguir con los aguacates, con la harina, con el pollo, y mil etcéteras que nos conducen a la irresponsable permisividad con que se ha dejado a los criminales extorsionar a honesta gente que no pide las limosnas del estado, sino que los dejen trabajar con la dignidad de cualquier persona libre, que no busca ser la clientela de un puñado de malvivientes, que ya habrán de extorsionar llegada la campaña. México es un país donde orgullosos trabajadores no pretendemos ser los siervos del padre o madre de la patria, y aspiramos a estar más formados, a ser mejores ciudadanos del mundo comprometidos con nuestras leyes e instituciones que son nuestro orgullo. Somos gente libre que le arrebatará el poder a la demagogia.