Columnas
Quienes deben erigirse como defensores de los medios convencionales no ha hecho otra cosa que legitimar las nuevas alternativas de información, que perciben como sus enemigos. Las redes y sus herramientas se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para algunas instancias mediáticas y políticas de la sociedad, caracterizadas por sus privilegios y acostumbradas a manipular la realidad de acurdo a sus intereses.
El primer en darle legitimidad, vigencia y fuerza a los medios alternativos fue el propietario de una de las televisoras comerciales, ahora en decadencia, que, en algún momento impusieron criterios noticiosos, TV Azteca. Empresa que junto con Televisa han perdido en seis años el 60 por ciento de su audiencia. Ricardo Salinas pidió a los dueños de las diferentes redes sociales los datos confidenciales de quienes encabezan noticieros en Youtube, la intención: amedrentarlos para que ya no difundieran sus deudas al fisco, su prepotencia, misoginia y todas las expresiones patológicas propias de una persona con complejos.
Luego vinieron los panistas y priistas, quienes toda la vida han utilizado a los medios convencionales para convencer de sus supuestas virtudes, que denunciaron penalmente a conductores de noticieros ante el INE y otras instancias por actos adelantados de campaña, como si Manuel Pedrero, Ibrahim o Hanz Salazar fueran candidato, militantes o funcionarios públicos y no comunicadores.
La saña con la que combaten a los medios democráticos, tiene que ver con una gran ventaja de éstos sobre los medios convencionales que han dejado de manipular a la sociedad, pero no de intentarlo, y han sido relegados por ésta a la hora de tomar decisiones trascendentes.
Esta ventaja no radica sólo en informar la verdad sino que al no haber publicidad de ningún tipo en lugar de competir por el dinero, se complementan, es decir, se hermanan y difunden con mayor cobertura desmintiendo a los medios tradicionales que sólo obedecen a intereses prestablecidos desde hace muchos años.
Los medios convencionales ser volvieron inservibles a causa de sus propios excesos. Fueron sus principales enemigos al atentar, sistemáticamente, contra la verdad. Todavía hay quienes, por comodidad o costumbre, siguen recurriendo a este tipo de medios donde la fantasía impera.
Quienes utilizaron a los medios tradicionales como medio de manipulación, a través de los cuales engañaron que podían gobernar y manejaron el país de acuerdo con sus intereses, se autodenominaron defensores de la a libertad de expresión, ahora la combaten a muerte, ante el desengaño de la población.
La libertad de expresión que practicaron los medios convencionales no es la que las leyes mexicanas protegen. Sus impulsores, propietarios y concesionarios de los medios la utilizaron con fines que desviaban su responsabilidad original y traicionaron la verdad, lo cual es un delito, que debe ser castigado con algo más que la indiferencia de la gente.