Estados Unidos se dedicó a hacer de su democracia el mito de la perfección política, incluso, decir que era la mejor del mundo les llevó a considerarla una mercancía y decidieron exportarla.
Todo lo que no estuviera adherido a los designios de su democracia, es decir, a la manera de hacer política, era necesario cambiarla, a sangre y fuego, imponiendo una democracia a modo para saquear el país en turno.
La convicción de que América Latina era su patio trasero impuso, sin restricciones, una manera de operar en la política de esos países fusionando sumisión y democracia.
Las bases teóricas de Alexis de Tocqueville, le otorgan a Estados Unidos lo poco que puede tener ese país de historia y una interpretación equivocada de sus ideas sociales. Sus raíces la idea que conforma el sistema político de ese país es eminentemente conservadora. Su raigambre es el liberalismo conservador. El esquema de democracia que Estados Unidos eligió no se ha transformado sustancialmente desde hace 191 años. De tal suerte que desde esta perspectiva nadie puede hablar de una democracia moderna, mucho menos contemporánea sino de un modelo vetusto sin cambios.
Los habitantes están a gusto porque no implica mayor esfuerzo, mientras más se perfecciona una democracia mayor es el compromiso de sus habitantes y con sólo dos partidos, el Demócrata con 194 años y el republicano con 172, se convierten en un viaje al pasado sin retorno. De ahí que la barbarie no los sorprenda ni el salvajismo los indigne.
Mientras el mundo hace un esfuerzo mayor por participar en el cambio de sus sociedades, Estados Unidos repite hasta el autoplagio su manera de hacer política. Lo peor es que no ha habido presidente del vecino país que considere que su sistema electoral es un ejemplo a seguir.
Pueden pensar lo que quieran de su sistema político pero nadie tiene derecho a imponerlo a otro país, como ocurrió en la decadencia del Imperio Romano,
El primer pretexto que esgrimió Trump para invadir Irán fue cambiar el sistema político social, cuando, violando la voluntad de la gran mayoría de los iraníes, quienes prefieren la teocracia a cualquier otro sistema. Aunque sabemos que esa no es la razón verdadera de la agresión militar.
La diferencia no es grande con Estados Unidos donde existe una teocracia más mundana. El cristianismo, el catolicismo y el protestantismo, dividen las preferencias religiosas formales, pero la población es forzada a creer en un solo dios: el dinero. El adoctrinamiento en la educación, impagable en el vecino país, está destinada a honrar el dinero por sobre todas las cosas.
La democracia que practican es sólo una manera simulada de hacer política con un gobierno vertical, autoritario y cada día más represivo, el cual ahora quieren imponer en su patio trasero.